"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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martes, 14 de abril de 2015

La culpa la tiene el suelo pegajoso


¿Qué es el suelo pegajoso y qué tiene que ver con la delegación de tareas en el ámbito laboral? Buena pregunta a la que intentaré responderte.

Estamos acostumbrados a asociar el término suelo pegajoso a la dificultad a la que nos enfrentamos, básicamente las mujeres, cuando al querer conciliar vida familiar y laboral nos sentimos atadas a tareas domésticas y de cuidado que nos fueron asignadas social y culturalmente hace siglos, y a las que intentamos dar salida nosotras solitas y diariamente (a todas ellas sin que falte una) haciendo juegos malabares.

Siempre hay excepciones, pero en términos generales "el ungüento" que nos mantiene pegadas a ese suelo pegajoso, es la incapacidad que en general tenemos (aunque nos cueste confesarlo) de dejar de hacer nuestras tareas delegándolas - al 100% y con todas las consecuencias- en el resto de miembros de la unidad familiar.

Nada de ¿te ayudo o me ayudas?, sino de un reparto real de responsabilidades. ¡Uff! Dificil ¿no?

Y precisamente porque nos resulta difícil, hacemos amagos cuando el vaso está a puntito de rebosar, pero no rematamos.

Tras la tempestad, volvemos a coger el timón hasta la próxima sacudida, haciendo que el resto de la familia se acostumbre a que seas tú la que hace listas interminables de productos a comprar, labores a realizar, citas a las que asistir, a que te pases el día de mal humor y frustrada por no tener tiempo ni para respirar.

Se acostumbran porque es lo más fácil.  

¿Dónde reside realmente el problema? ¿Quién tiene la culpa?

Como normalmente suele ocurrir, la falta de delegación -real y consecuente- suele formar parte del núcleo duro de este fenómeno que va retroalimentándose hasta convertirse en una gran bola de insatisfacción, frustración y mal rollo.

¿Y cómo podemos despegarnos?

Hagamos un repaso por las situaciones más habituales y los mantras de deberíamos repetirnos, para dar pequeños pasitos hacia la delegación y a lo que conlleva ¡la liberación!:
Situación 1:

Frases que la identifica: “¡Mamáaaaa! ¿Sabes dónde guardé los calcetines azules? o “Cariño, ¿qué botón es el del programa de prelavado?”


Situación 2

Frase que la identifica: “¡Así no se tiende la ropa!”.




 Situación 3

Frase que la identifica “¿Pero aún no has terminado de planchar las camisas? Anda trae que las planche yo, que si no…. ¡¡Hoy no cenamos!!”



Situación 4

Frase que la identifica: Domingo por la mañana: “Pero ¿qué haces ahí sentado leyendo el periódico? Hay que hacer las camas, poner dos lavadoras, preparar la comida de toda la semana, tenemos que ir a ver a tus padres y a los míos, recoger la ropa,...”



Ahora te propongo un ejercicio.

Vuelve a leer esos mantras desde otra perspectiva, esta vez olvídate de las tareas domésticas y céntrate en el ámbito profesional ¿no crees que aplican? ¡claro que sí!

Por desgracia la incapacidad de delegar es el día a día al que se enfrentan muchos jefes sobrepasados y sufren sus equipos desmotivados.

Al final va a ser verdad: La culpa la tiene el suelo pegajoso.

O no. ¿Qué opinas tú?
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