"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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martes, 30 de septiembre de 2014

Modificando pensamientos y expectativas

Expectativas, pensamientos, realidad.
Imagen: Pixabay

En la píldora formativa de hoy, aprenderemos a entrenar nuestros pensamientos y dirigir nuestros pasos hacia los objetivos que queramos conseguir.
Para ello utilizaremos, una vez más, un vídeo de Elsa Punset dedicado al desarrollo de nuestra inteligencia emocional.

Antes de comenzar, es interesante conocer el círculo vicioso que rige nuestra forma de ver la vida y de enfocar nuestras metas. Elsa Punset lo resumen así: 

"Nuestras expectativas, es decir, lo que esperamos conseguir, determinan nuestros pensamientos."

"Nuestros pensamientos a su vez influyen en la forma en la que nos enfrentamos a nuestro entorno"

La relación con el jefe y los compañeros en el trabajo, la forma en la que realizamos nuestras actividades cotidianas, la relación con la pareja, familia y amigos; ya os he hablado en otros posts de las estupendas gafas que nos ponemos para ver, interpretar y vivir lo que nos rodea

¿Recordais?

 “Si nos fijamos metas muy lejanas o cambios muy drásticos, nos agobiamos, entramos en pánico y el miedo nos paraliza”. 

Cuando estamos en ese estado de agobio existencial, difícilmente podemos dar un paso, por pequeño que sea en la dirección que deseamos; seguimos anclados en lo que no nos gusta, quejándonos, sin avanzar hacia lo que nos haría sentirnos mejor o ser más felices.

Vicens Olivé nos explica un ejercicio muy sencillo, que realizado de manera periódica se convertirá en un hábito saludable para nuestra mente y a la larga para nuestra vida: visualizar lo que queremos conseguir. 

¿Preparad@? Estos son los pasos que nos propone:


¿Qué quieres conseguir?
Busca un momento de tranquilidad. Cierra los ojos y visualiza algo que quieras conseguir, algo que no tienes en el momento presente y que de tenerlo te ayudaría a sentirte mejor.

Debe ser un objetivo realista y que dependa de ti el poder alcanzarlo; de no ser así volverías al círculo de las expectativas no cumplidas que generan frustración y con ella todos los sentimientos nocivos y tóxicos asociados.


¿Cuándo esperas conseguirlo?

Con los ojos cerrados, imagina una línea del tiempo y sitúa en ella el momento en el que crees que podrá ser una realidad ese objetivo: en un par de meses, dentro de unos años, en un lustro…


Viviendo el futuro

Imagínate ya en ese momento futuro en el que tu meta, tu objetivo se ha hecho realidad. Describe esa nueva realidad utilizando todos tus sentidos ¿Qué verás? ¿Qué escucharás? ¿Qué sentirás?


Recrea las emociones

Regálate unos minutos para sentir todas las emociones que la consecución de tu sueño generará en ti, en tu vida, en tu realidad.


¿Qué vas a hacer tú para conseguir hacer realidad esa meta?

Regresa al presente. Ahora tienes claro qué quieres conseguir, cuándo más o menos lo podrás hacer y lo que es mejor: cómo vas a sentirte cuando lo hagas o al menos qué va a desaparecer de tu vida que actualmente no te satisface ni te hace feliz.

Haz una lista con cosas concretas (pequeñas cosas, ya que las grandes recuerda que pueden paralizarte), pequeños pasos que dependiendo de ti, poco a poco, te acercarán a ese objetivo.

Repite el ejercicio al menos una vez al día, mejor por la noche.


Recupera la capacidad de soñar despierto ¿recuerdas cuando lo hacías de niñ@?


Por último, incluye este mantra en tu diario:

 Para alcanzar objetivos, la dirección es más
importante que la velocidad Elsa Punset

martes, 2 de septiembre de 2014

Cómo son las Relaciones Perro y Vaca Lechera (Matriz BCG)



Relaciones perro. Fuente: morgueFile
Antes de las vacaciones vimos las relaciones incógnitas y las relaciones estrella en el ámbito profesional; continuando con el ejemplo de la Matriz BCG, y para cerrar esta serie, hoy analizaremos las dos últimas: las relaciones perro y las estupendas relaciones vacas lecheras. Comencemos. 
 
¿Cómo definir las relaciones perro e identificarlas?

Son auténticos pozos sin fondo y que ¡sorpresa! aportan un ROI no bajo sino lo siguiente.

Nuestro beneficio es mínimo, y el esfuerzo que hacemos al relacionarnos es tremendo.

Ya no sentimos mariposas en el estómago, ni buscamos con interés la compañía de la otra persona. Lo hacemos sin ganas, pero ¿por qué las mantenemos? 

a)  Porque hemos dado tanto, nos hemos posicionado tanto, que ya no podemos huir de ellas, la situación dentro de la organización no lo permite.

b)  Porque creemos firmemente que son el cable conductor hacia personas importantes, con poder, las que serían nuestras estrellas potenciales y de las que estamos alejados. Pura gestión de un networking un tanto hipócrita, pero al fin y al cabo una red de contactos importante para la supervivencia en la selva de la oficina. 

c)   Porque nos hemos quedado atrapados en ellas. El haber vivido una relación estrella llevada al extremo de exclusividad, ha generado a nuestro alrededor un agujero negro y ¿quién aguanta la soledad más absoluta y el vacío en una organización? En estos casos solemos decir que mejor mal acompañado que sólo. 

d)  (…) ¿Alguna más?  Seguro que sí, sin duda. Somos expertos en justificar nuestras acciones.

Estas relaciones nos dejan un regusto amargo en la boca. Al mirarnos en el espejo cada mañana, nos decimos “hoy cuando me llame para tomar un café, diré que estoy ocupad@”, pero llegado en el momento… no lo hacemos.

Un buen día desaparecerán, cuando dejemos de interesar a la otra parte, o cuando seamos lo suficientemente valientes para mandarlas bien lejos.

Ese día respiraremos aliviados.


Por último y no menos importante, las relaciones vaca lechera.
En todo este periplo de búsqueda de nuevas figuras estelares, sondeos de amistad, interés y manejo de hilos, solemos olvidarnos de las relaciones más importantes en el ámbito profesional, esas que creemos que van a estar ahí siempre, que son como el cactus pegado a la pantalla del ordenador y no necesitan agua para sobrevivir. Nos confundimos.


¿Cómo identificarlas?

Créeme, es muy fácil. La mayoría de las relaciones vaca lechera, forman parte de ese minúsculo porcentaje de relaciones profesionales que evolucionan hacia la amistad.

Su ROI es altísimo: obtenemos grandes beneficios con una inversión ridícula.

Podemos pasar semanas sin mantener una conversación pausada y en condiciones con esa persona, sin importarnos realmente en cómo le van las cosas; pero si algún día salimos depres y queremos que alguien nos escuche, levantaremos sin pudor el teléfono y les estamparemos todo lo que nos preocupa, esperando que con empatía, nos escuchen y nos ayuden a lamernos las heridas.

¿Egoístas? Desde luego.

Para  justificarnos inventaremos escusas: no tengo perdón, tenía que haberte llamado, tenemos una comida pendiente…. Pero estoy liadísim@, no tengo tiempo para nada…

Pero una cosa es ser vaca lechera y otra muy distinta idiota.

Llegará el día, en el que queramos ordeñarla y no nos será posible sacar nada de ella. Estupefact@s nos indignaremos ¿qué mosca le habrá picado? Sin querer aceptar una premisa básica:

Toda relación necesita de cuidados, de mimos, de estar, de dar y recibir. Si no lo hacemos… atengámonos a las consecuencias.


Tal vez hace mucho que tú te convertiste para esa estupenda vaca en el perro del que quería deshacerse y simplemente lo ha hecho.

¿Qué opinas tú?



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