"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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lunes, 21 de abril de 2014

Cómo son las Relaciones Incógnitas (Matriz BCG)

Os preguntareis qué esconde este título tan surrealista. Pues os lo contaré.

Hace un par de semanas a raíz de una experiencia personal, comencé a analizar el tipo de relaciones que establecemos en la etapa adulta, cuando el tiempo es más escaso y las obligaciones copan la mayor parte de nuestra agenda de ocio; relaciones que muchas veces se gestan y nutren en el entorno profesional y sobre las que ya escribí en la prueba del algodón”.

En ese momento, por temas laborales, estaba revisando la clasificación que propone BCG con su matriz de productos, y llegué a la conclusión de que efectivamente, buena parte de nuestras relaciones profesionales (y también personales) podemos clasificarlas en Interrogantes, Estrellas, Vacas Lecheras y Perros.

 El post de hoy estará dedicado a las primeras.

Las relaciones incógnitas son aquellas en las que invertimos muchísimo tiempo, esfuerzo y esmero para hacernos visibles a los ojos de la persona elegida.

Al inicio, toda relación es incógnita, no sabemos cómo evolucionará.

Si la persona nos interesa (bien porque realmente tengamos puntos en común, bien porque pensemos que el estar bajo su sombra nos aportará “ganancias” a largo plazo) pondremos todo, todo y todo para demostrar que estamos ahí, que puede confiar en nosotros, solícitos y abnegados con lo que necesite (aunque nos pida la luna), siendo más o menos empalagosos, directos y/o sinceros.

En esta etapa el ROI es bajísimo. Nuestro beneficio es ridículo, más allá de la esperanza (lo cual no deja de ser importante).

Recibimos menos de lo que damos. Pero no nos importa. Aguantamos la escasez en pos de un futuro cargado de promesas.

Apostamos fuerte desconociendo si ganaremos.

La mayoría de las veces la ilusión lo compensará todo (cuando el acercamiento sea 100% deseado y sincero); si no es así tal vez nos resulte tremendamente arduo “trabajar” en la relación casi a diario.

Podría poner muchísimos ejemplos de este tipo de relaciones en el entorno profesional:

Desde el comportamiento del/la nuev@ que llega al departamento y que quiere agradar, lanzando las redes y buscando el apoyo necesario para subsistir en los primeros pasos por la organización.

Hasta la danza de resituación que se produce ante un cambio de manager.

¿Quién no ha visto a sus compañeros de filas  correr para ser el/la primer@ en estar cerca del/de la nuev@ jef@?

Auténticos codazos he visto yo. Eso sí, sin despeinarse ni ruborizarse.

Una vez más depende obviamente de nuestra personalidad.

Todos contamos con un elevado número de relaciones incógnitas en nuestra mochila vital; ¡afortunadamente! ¡No podría ser de otra forma!
 

A medida que ganamos en sabiduría (una forma cursi de decir que cumplimos años) aprendemos que la incertidumbre “da vidilla” pero hay que tener cuidado y no dejarse llevar por la necesidad imperiosa de agradar a la otra persona tanto, tanto, que perdamos en el intento más de lo que aparentemente vayamos a ganar.

Pasado el tiempo, las relaciones incógnitas:


1.   O evolucionan a otro tipo de relaciones (Estrella o  Perro) de las que hablaré en próximos post.
 

2.   O mueren. No ha podido ser. Por mucho empeño que le hayamos puesto no se ha establecido la química necesaria para que la relación prospere. La bancarrota de nuestro bolsillo anímico será directamente proporcional a lo apostado durante el “cortejo” y a la sinceridad con la que hiciéramos la aproximación. Pero sólo nosotros sabremos si realmente mereció la pena intentarlo.


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