"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Fin de año: Una parada para coger impulso



Sin apenas darnos cuenta estamos inmersos de nuevo en las fiestas navideñas ¡¿YA?!

A medida que cumplo años tengo la sensación de que el tiempo pasa más deprisa; veo a mi hija crecer y a mi madre envejecer quickly más quickly de lo que quisiera.

Y los años llegan, pasan y se van.

Tal vez esté desarrollando ese trastorno adaptativo que tenemos todos los padres al llegar a cierta edad, al ser conscientes de lo vivido y de que estando en el mejor momento vital, en la cima de la montaña, en el camino de la vida nos toca a partir de ahora, ir dejando que quienes nos acompañaron sigan otros caminos o directamente desaparezcan físicamente de nuestro lado.

Pero a esto le dedicamos microsegundos de nuestro día a día.

El ajetreo que nos imponen o nos imponemos no permite vivir el presente.

Sólo, en determinadas circunstancias analizamos, modificamos y ponemos en marcha nuevos hábitos, nuevos propósitos de enmienda que normalmente dejan de existir allá por el mes de febrero, tras la resaca de las buenas acciones que todos diseñamos mientras intentamos no atragantarnos con las uvas de fin de año.

Eso sí, nos guste reconocerlo o no, cada vez somos más los que “ponemos excusas” para parar o buscamos métodos de rápida digestión para frenar, para eliminar de nuestro cuerpo y de nuestra mente todo el estrés que podamos.

Tal vez por esa necesidad de insuflar sabia nueva, optimismo y satisfacción con lo que forma parte del diario, vosotros, los que estáis ahí y seguís este Blog desde hace más o menos tiempo ¡¡mil gracias!! habéis hecho que los posts dedicados al desarrollo personal hayan sido los más leídos en el 2014.

Y curiosamente ordenados se convierten en una estupenda propuesta de training navideño, de final de año, una parada antes de tomar impulso.

¿Te atreves a realizar el ejercicio? Si es así comencemos:

#1. Para y siente un sueño, una persona, un recuerdo.

En Cómo construir el hábito del optimismoencontrarás una sencilla técnica de desarrollo de tu inteligencia emocional.

#2. Para y reflexiona sobre todo lo que funciona en tu vida, dejando de lado lo que no lo hace. Pequeñas cosas, grandes resultados.

En Be happy: si es tan sencillo por qué nos cuesta tantodescubrirás sencillas reflexiones sobre la satisfacción que encontramos en las pequeñas cosas del día a día ¿haces un repaso?

#3. Para y analiza las relaciones que has establecido a lo largo del año que termina. Ser consciente de lo que te aporta cada una de ellas y el por qué estás anclad@ a las mismas, te dará pistas de la red emocional y social que estás tejiendo a tu alrededor.

Los posts dedicados a las relaciones personales (relaciones incógnitas, relaciones estrella, relaciones perro y relaciones vaca lechera)  te ayudarán a ello.

#4. Para e identifica qué te aporta el trabajo que realizas y cómo te hace sentir.

“¿Engage qué? Engagement”, el trabajo ocupa sin duda un gran espacio en nuestras vidas. Desafortunadamente no tod@s encuentran en él desarrollo profesional, motivación y satisfacción. Sea cual sea tu resultado: ¿por qué no analizar qué es lo que tienes, por qué lo mantienes y qué quieres hacer por pequeño que sea el paso a dar, para cambiar de rumbo?


#5. Para y revisa cómo te comunicas con los demás y cuál es el efecto que tiene en tus relaciones personales y laborales.

Por último Saber decir NO es necesario pero no lo digas gritandoes el post dedicado a la importancia de nuestro estilo comunicativo. ¿Sabes cuál es el tuyo y las consecuencias que genera a tu alrededor?


Todos necesitamos descansar, reponer fuerzas y coger impulso, y éste es un estupendo momento para hacerlo.


 
Imágenes: pixabay

martes, 11 de noviembre de 2014

El arte de echar la culpa al otro.



Sentada en el sofá, mientras me recupero del segundo catarro del otoño, entre fiebre, tos y dolor de garganta, leo, escucho y veo lo mismo una y otra vez: “la culpa de todo siempre la tiene el otro”, da igual si hablamos de corrupción, de epidemias, de mala gestión… entre los que estaban y no sabían, los que sabían y permitían y los que sin saber hacían ¡estamos apañados!

Resulta difícil asumir los errores, reconocer que tal vez nos hemos pasado de listos, que tal vez hemos bajado la guardia y hemos subido el nivel de tolerancia ante todo lo que antes nos parecía intolerable. “De aquellos polvos, estos lodos.”

Justificar nuestros actos siempre y en todo lugar, puede llevarnos a una espiral en la que perdamos pie y norte.

Por desgracia el todo vale  no roza sólo a las grandes esferas; encontramos situaciones a pie de calle, al nivel organizativo más “bajo”, en el día a día.

Por suerte, cada vez el clamor se acabó a lo María Jiménez se alza más alto y más fuerte.

En estos días de mantita, caldito y cuidados he vuelto a revisar algunos vídeos de Iñaki Piñuel, sin duda pionero en nuestro país en el estudio del mobbing y de todos ellos me quedo con una entrevista en la que hace ya algunos años hablaba de organizaciones tóxicas.

Las organizaciones las hacemos las personas y cuando hablamos de ese tipo, esas cargaditas de riesgos psicosociales, son por tanto las personas con su hacer y no hacer las que inoculan la toxicidad, con decisiones, silencios, miedos y desmotivación.

Piñuel expone que aunque esto ha existido siempre, se ha incrementado por la crisis o más bien con la excusa de la crisis.

En determinados ambientes (aunque he de reconocer que cada vez me llegan más casos de sectores totalmente diferentes donde la pauta se repite) ha crecido como champiñones una nueva estirpe: los killers, auténticas armas de destrucción masiva organizativas.

La gente tiene miedo: miedo a perder el trabajo, miedo a hablar y a poner de manifiesto lo que no le gusta de cuanto acontece a su alrededor, a decir No bien alto y bien claro y ese caldo de cultivo ha permitido, por una parte, que estos personajes escalen hasta los puestos más altos o no tanto, para poner en práctica la limpieza étnica y poner de moda “el que no rinda a la calle” y por otra, que se mire hacia otro lado y sin rechistar cuando las cosas se ponen feas, no vaya a ser que se ocupe el siguiente lugar en la lista de "elegidos para el exterminio

Como los monos: "no veo, no escucho, ni veo…así sobrevivo".

El poder lo otorgamos de muchas maneras, entre ellas practicando el silencio, el silencio de los corderos.

Claro que ¡quién quiere ser Juana de Arco!

La hipoteca, el cole de los niños, el abismo del paro y la exclusión…. demasiado por perder y muy poco que ganar.

¿Dignidad? Sí, pero con eso no se come, diréis mucho de vosotros.

Mejor mirar hacia otro lado y seguir subsistiendo que ya vendrán tiempos mejores.
Creía firmemente en la meritocracia, por eso supongo que ver cómo se esfuma, cómo ni sirve ni sirvió, cómo descubrir que vale incluso lo que nunca debió valer me genera un malestar interno y  preguntas que lanzar al exterior:


¿Cómo educar a nuestros hijos en valores rodeados de mensajes en el que el más listo es el que consigue lo que quiere pese a quien pese?

¿Cómo pedir esfuerzo y tesón cuando tienen alrededor quienes buscan y encuentran atajos para alcanzar el poder?

Difícil, pero al menos yo no pienso tirar la toalla.
Soy de las que opina que la realidad se puede cambiar; por eso me gustaría que el movimiento social que estamos viendo, ese ¡basta ya!, llegue de alguna forma al ámbito laboral; que poco a poco dejemos de ser permisivos con políticas, conductas y acciones que matan organizativamente, y apostemos con contundencia por el desarrollo de un  liderazgo saludable.


¿Qué opinas tú?

Imagen: Pixabay

martes, 21 de octubre de 2014

Cuando las apariencias engañan, los detalles importan.


Maquillar nuestras imperfecciones. 
¡Qué dificil puede resultar ser honesto con lo que un@ ofrece! Y ¡qué fácil es dejarse llevar por la necesidad de engordar, inflar nuestros logros para vendernos más y mejor, para resultar más atractivos en cualquiera de las esferas de nuestra vida!

¡Y qué error tan grande el hacerlo! Porque al no poder permanecer en guardia las 24 horas del día, 365 días al año, siempre habrá algo /alguien que nos pille en un renuncio y que descubra que detrás de esa fachada, hay sólo eso, fachada.

Y es que ya lo dice nuestro refranero “las mentiras tienen las patas muy cortas”, pero aun así ¡hay personas que no es que maquillen o endulcen un poco la realidad, no, es que utilizan litros de pintura plástica, de esa que no deja transpirar, para tapar cualquier supuesta imperfección!

Eso, y el esconder bajo la alfombra toda la basura que pueda molestar.

Con un exterior aparentemente en orden, se da el pego.

Algo así debió de pensar la recepcionista del hotel balneario origen de este post y cuya anécdota comparto con vosotr@s porque creo ilustra a la perfección la reflexión de hoy.

La primera vez que reservamos un estupendo fin de semana en este hotel recién inaugurado, todo, absolutamente todo, me pareció una auténtica maravilla: el entorno, las instalaciones, los servicios que ofrecían, el personal atento, entregado, motivado.  Quedamos tan encantados con la experiencia que lo recomendamos a diestro y siniestro a nuestros allegados y amigos.

Dos años más tarde regresamos. ¿Al mismo lugar?

Geográficamente sí. Arquitectónicamente, sí. Económicamente, sí (ni una rebaja en el importe del servicio, bastante alto por cierto).

Entonces ¿qué había cambiado?

Era una sensación que aparentemente no se sustentaba en nada concreto.
 
Aparentemente.
 
Y podría haberse quedado ahí de no haber descubierto el primero de los detalles que hacía chirriar esa fachada de lujo y glamour:  

Un agujero en la alfombra de nuestra habitación.
No un pequeño agujerito, no, sino un señor agujero y además bien visible. 

Podríamos haber hecho una foto y haber comentado eso y la falta de champú y gel de baño en foros y redes sociales, pero no lo hicimos.

Bajé a recepción que estaba llena de clientes, esperé mi turno, me aparté un poco y con mi habitual tono de voz (bajo y calmado) informé a la recepcionista de ambos aspectos.

Ni se inmutó. Con un ¡ah, vale! me despachó sin más.

Pero eso no fue lo que tiró por tierra mi percepción de este hotel al que ya comencé a calificar de “venido a menos” (podría ser el ejemplo de una falta de motivación e involucración del personal, como estoy segura de que así era), el detalle vino después:

Al regresar a la habitación, mientras el personal del servicio de habitaciones reponía lo que faltaba, sonó un walkie-talkie y de él salió una voz estridente que gritando como una posesa indicaba:

“¡¡Maríaaaa!!, ¡cambia la alfombra de las 210 por la de la 215 que no está rota! ¡Los de la 210 han bajado a quejarse!

Le faltó decir:

“y esta vez mete el agujerito debajo de la cama para que no se vea”

La tal María no sabía dónde meterse y no era para menos pues la situación fue bochornosa.

A partir de ese momento, cómo si una nueva realidad hubiera aparecido ante mí, comencé a descubrir más pequeños detalles (mi atención ahora se centraba sin quererlo en lo que fallaba, en lo que había cambiado y para peor, en las mentiras, defectos y carencias) que sumados me hicieron abandonar el hotel con una sensación de tristeza.

Puedes pensar que este ejemplo es una auténtica tontería, y estás en tu derecho, pero creo que sirve para describir gráficamente situaciones a las que tod@s nos hemos enfrentado, como por ejemplo las que pueden darse en un proceso de selección, cuando las circunstancias nos impulsan a vendernos con más ahínco y a base de brochazos y antiojeras disimular cualquier desperfecto en nuestra experiencia. 

El entrevistador, no lo olvides nunca, es un profesional que entre otras cosas debe detectar las pequeñas o grandes inconsistencias en tu currículo y en tu discurso. 

No juegues a ser más list@.  No merece la pena. La duda en ocasiones hace más daño que la certeza.

Podría poner muchos ejemplos vividos a lo largo de mi experiencia como responsable de RRHH, cuando en entrevistas de selección, detectaba esas pequeñas incongruencias, detalles que se escapaban a lo largo de la charla con el/la condidat@ y que hacían que un halo de desconfianza se posara sobre él/ella. En algunos casos, siento decirlo, sus propias mentirijillas los descartaron.

Por ello siempre sugiero que en cualquier proceso de selección seamos honestos. Esto no implica la nula venta de nuestras capacidades, experiencias y valor añadido a aportar. No. Significa poner el énfasis en lo que realmente hemos hecho bien, en lo que nos hace ser diferentes porque ciertamente es así y sin necesidad de fuegos artificiales.

Tod@s tenemos aspectos en nuestro bagaje profesional de los que no estamos orgullosos, pues incluso en esos casos, la honestidad desarma más que los disimulos o la farsa.

Y es que… cuando las apariencias engañan, los detalles importan. O al menos esa es mi opinión.

¿Cuál es la tuya? 
Imagen MorgueFile.
 

 

 

 


martes, 30 de septiembre de 2014

Modificando pensamientos y expectativas

Expectativas, pensamientos, realidad.
Imagen: Pixabay

En la píldora formativa de hoy, aprenderemos a entrenar nuestros pensamientos y dirigir nuestros pasos hacia los objetivos que queramos conseguir.
Para ello utilizaremos, una vez más, un vídeo de Elsa Punset dedicado al desarrollo de nuestra inteligencia emocional.

Antes de comenzar, es interesante conocer el círculo vicioso que rige nuestra forma de ver la vida y de enfocar nuestras metas. Elsa Punset lo resumen así: 

"Nuestras expectativas, es decir, lo que esperamos conseguir, determinan nuestros pensamientos."

"Nuestros pensamientos a su vez influyen en la forma en la que nos enfrentamos a nuestro entorno"

La relación con el jefe y los compañeros en el trabajo, la forma en la que realizamos nuestras actividades cotidianas, la relación con la pareja, familia y amigos; ya os he hablado en otros posts de las estupendas gafas que nos ponemos para ver, interpretar y vivir lo que nos rodea

¿Recordais?

 “Si nos fijamos metas muy lejanas o cambios muy drásticos, nos agobiamos, entramos en pánico y el miedo nos paraliza”. 

Cuando estamos en ese estado de agobio existencial, difícilmente podemos dar un paso, por pequeño que sea en la dirección que deseamos; seguimos anclados en lo que no nos gusta, quejándonos, sin avanzar hacia lo que nos haría sentirnos mejor o ser más felices.

Vicens Olivé nos explica un ejercicio muy sencillo, que realizado de manera periódica se convertirá en un hábito saludable para nuestra mente y a la larga para nuestra vida: visualizar lo que queremos conseguir. 

¿Preparad@? Estos son los pasos que nos propone:


¿Qué quieres conseguir?
Busca un momento de tranquilidad. Cierra los ojos y visualiza algo que quieras conseguir, algo que no tienes en el momento presente y que de tenerlo te ayudaría a sentirte mejor.

Debe ser un objetivo realista y que dependa de ti el poder alcanzarlo; de no ser así volverías al círculo de las expectativas no cumplidas que generan frustración y con ella todos los sentimientos nocivos y tóxicos asociados.


¿Cuándo esperas conseguirlo?

Con los ojos cerrados, imagina una línea del tiempo y sitúa en ella el momento en el que crees que podrá ser una realidad ese objetivo: en un par de meses, dentro de unos años, en un lustro…


Viviendo el futuro

Imagínate ya en ese momento futuro en el que tu meta, tu objetivo se ha hecho realidad. Describe esa nueva realidad utilizando todos tus sentidos ¿Qué verás? ¿Qué escucharás? ¿Qué sentirás?


Recrea las emociones

Regálate unos minutos para sentir todas las emociones que la consecución de tu sueño generará en ti, en tu vida, en tu realidad.


¿Qué vas a hacer tú para conseguir hacer realidad esa meta?

Regresa al presente. Ahora tienes claro qué quieres conseguir, cuándo más o menos lo podrás hacer y lo que es mejor: cómo vas a sentirte cuando lo hagas o al menos qué va a desaparecer de tu vida que actualmente no te satisface ni te hace feliz.

Haz una lista con cosas concretas (pequeñas cosas, ya que las grandes recuerda que pueden paralizarte), pequeños pasos que dependiendo de ti, poco a poco, te acercarán a ese objetivo.

Repite el ejercicio al menos una vez al día, mejor por la noche.


Recupera la capacidad de soñar despierto ¿recuerdas cuando lo hacías de niñ@?


Por último, incluye este mantra en tu diario:

 Para alcanzar objetivos, la dirección es más
importante que la velocidad Elsa Punset

martes, 2 de septiembre de 2014

Cómo son las Relaciones Perro y Vaca Lechera (Matriz BCG)



Relaciones perro. Fuente: morgueFile
Antes de las vacaciones vimos las relaciones incógnitas y las relaciones estrella en el ámbito profesional; continuando con el ejemplo de la Matriz BCG, y para cerrar esta serie, hoy analizaremos las dos últimas: las relaciones perro y las estupendas relaciones vacas lecheras. Comencemos. 
 
¿Cómo definir las relaciones perro e identificarlas?

Son auténticos pozos sin fondo y que ¡sorpresa! aportan un ROI no bajo sino lo siguiente.

Nuestro beneficio es mínimo, y el esfuerzo que hacemos al relacionarnos es tremendo.

Ya no sentimos mariposas en el estómago, ni buscamos con interés la compañía de la otra persona. Lo hacemos sin ganas, pero ¿por qué las mantenemos? 

a)  Porque hemos dado tanto, nos hemos posicionado tanto, que ya no podemos huir de ellas, la situación dentro de la organización no lo permite.

b)  Porque creemos firmemente que son el cable conductor hacia personas importantes, con poder, las que serían nuestras estrellas potenciales y de las que estamos alejados. Pura gestión de un networking un tanto hipócrita, pero al fin y al cabo una red de contactos importante para la supervivencia en la selva de la oficina. 

c)   Porque nos hemos quedado atrapados en ellas. El haber vivido una relación estrella llevada al extremo de exclusividad, ha generado a nuestro alrededor un agujero negro y ¿quién aguanta la soledad más absoluta y el vacío en una organización? En estos casos solemos decir que mejor mal acompañado que sólo. 

d)  (…) ¿Alguna más?  Seguro que sí, sin duda. Somos expertos en justificar nuestras acciones.

Estas relaciones nos dejan un regusto amargo en la boca. Al mirarnos en el espejo cada mañana, nos decimos “hoy cuando me llame para tomar un café, diré que estoy ocupad@”, pero llegado en el momento… no lo hacemos.

Un buen día desaparecerán, cuando dejemos de interesar a la otra parte, o cuando seamos lo suficientemente valientes para mandarlas bien lejos.

Ese día respiraremos aliviados.


Por último y no menos importante, las relaciones vaca lechera.
En todo este periplo de búsqueda de nuevas figuras estelares, sondeos de amistad, interés y manejo de hilos, solemos olvidarnos de las relaciones más importantes en el ámbito profesional, esas que creemos que van a estar ahí siempre, que son como el cactus pegado a la pantalla del ordenador y no necesitan agua para sobrevivir. Nos confundimos.


¿Cómo identificarlas?

Créeme, es muy fácil. La mayoría de las relaciones vaca lechera, forman parte de ese minúsculo porcentaje de relaciones profesionales que evolucionan hacia la amistad.

Su ROI es altísimo: obtenemos grandes beneficios con una inversión ridícula.

Podemos pasar semanas sin mantener una conversación pausada y en condiciones con esa persona, sin importarnos realmente en cómo le van las cosas; pero si algún día salimos depres y queremos que alguien nos escuche, levantaremos sin pudor el teléfono y les estamparemos todo lo que nos preocupa, esperando que con empatía, nos escuchen y nos ayuden a lamernos las heridas.

¿Egoístas? Desde luego.

Para  justificarnos inventaremos escusas: no tengo perdón, tenía que haberte llamado, tenemos una comida pendiente…. Pero estoy liadísim@, no tengo tiempo para nada…

Pero una cosa es ser vaca lechera y otra muy distinta idiota.

Llegará el día, en el que queramos ordeñarla y no nos será posible sacar nada de ella. Estupefact@s nos indignaremos ¿qué mosca le habrá picado? Sin querer aceptar una premisa básica:

Toda relación necesita de cuidados, de mimos, de estar, de dar y recibir. Si no lo hacemos… atengámonos a las consecuencias.


Tal vez hace mucho que tú te convertiste para esa estupenda vaca en el perro del que quería deshacerse y simplemente lo ha hecho.

¿Qué opinas tú?



martes, 15 de julio de 2014

MASP a ritmo de Fito.




Mucho se habló de los JASP en los años 90. La generación mejor preparada, aquella que iba a comerse el mundo y  hacer grandes cosas.  

Y así fue.

Como Cesar en la Galia, vinieron, vieron y vencieron… ¿vencieron? 

Muchos probaron las mieles del éxito, cierto, pero la crisis se ha llevado por delante a una buena parte de aquellos JASP que convertidos en MASP: Maduros Aunque Sobradamente Preparados (término utilizado por  Laura Rosillo) con amplia experiencia profesional, han sido víctimas de políticas de reestructuración, de evaluaciones del desempeño justificantes de su despido, en personas incómodas para sus empresas porque saben mucho, cuestan demasiado y su límite de aguante a las bromas y empanadas mentales, ha bajado siete octavas; es más difícil convencerles, ya han visto mucho de todo. 

El mercado laboral está repleto de MASP abocados por las circunstancias a convertirse en emprendedores, coaches, divulgadores,  CEOS de su propia vida, supervivientes…como si de un nuevo hito en su carrera profesional se tratara. Y es cierto que lo es. ¿Recordáis la historia de mi amigo Sergio?

¡Cuánto talento desperdiciado! Una visión cortoplacista les ha expulsado de organizaciones  donde tal vez dentro de algunos años (no muchos) echen de menos su "Know-How". O tal vez no. Nunca se sabe.

Por todo esto, me apetecía hacer un guiño a esa nueva generación perdida  y contar al resto a través de una versión muy personal de la canción “Antes de que cuentes 10” de Fito y Fitipaldis lo que creo encierra su momento vital.

Va por tod@s vosotr@s.

Los MASP
Pueden escribir y no disimular
es la ventaja de irse haciendo viejo.
Aún tienen mucho con lo que impresionar
por fuera y por dentro.


Tal vez se perdieran en un cruce de palabras,
o les anotaran mal la dirección.
Lo que es seguro que a estas alturas de sus vidas
 han grabado su nombre en una bala
y han probado la carne de cañón.


Cuando creían que lo tenían todo controlado,
alguien les dijo no, no, no,
que ahora viene el viento de otro lado
déjame el timón.


Son conscientes de que
Lo que les llevará al final
serán sus pasos, no el camino.
 saben que siempre vas detrás
cuando persigues al destino.


Su experiencia les dice que:
Siempre es la mano y no el puñal
nunca es lo que pudo haber sido
no
 es porque digas la verdad
es porque nunca has mentido.


Se repiten a sí mismos que:
No han de sentirte mal
si algo no les sale bien,
han aprendido a derrapar
y a chocar con la pared.

Ahora saben
Que la vida se nos va
Como el humo de ese tren
Como un beso en un portal
Antes de que contemos 10.


Gracias por enseñar al resto a ser resilientes.



viernes, 27 de junio de 2014

Saber decir NO es necesario… pero no lo digas gritando.

¿Vas a hablarnos de estilos de comunicación? Es un tema un tanto manido ¿no?

Puede que así sea. Tal vez el tema de hoy no te interese. No importa. Otra vez será.

Para los que penséis que no está de más recordar conceptos básicos, os propongo esta píldora formativa en la que a través de dos vídeos y un test podréis identificar vuestro estilo comunicativo predominante y sus consecuencias en vuestro día a día.
 
¿Cuál es tu estilo de comunicación?

En nuestra relación con los demás y ante situaciones en las que nuestros pensamientos, creencias, opiniones y criterios difieren del resto, todos tendemos a actuar siguiendo un patrón determinado por múltiples elementos, podemos ser:

Pasivos, y no defender nuestra postura por el miedo atroz al enfrentamiento.

Agresivos, imponiéndolos y faltando el respeto a los demás.

Asertivos, argumentando con firmeza pero teniendo muy presente el no hacer daño al resto de personas, respetando sus puntos de vista aun no compartiéndolos.
 
¿Quieres ejemplos? Visualiza este vídeo.

Seguro que os habéis identificado claramente con uno de los personajes (obviamente todos solemos movernos en los tres estilos), pero

¿Cuál es el que pones en práctica habitualmente, el que te define?

¿No lo tienes claro?

Si quieres conocer tu nivel de asertividad, puedes acceder a este test cuyos resultados tal vez te ayuden a situarte. 

Por último veamos qué consecuencias puede tener cada uno de estos estilos. En el último de los vídeos Hermínia Gomà lo resume perfectamente:

El agresivo acaba normalmente sólo, nadie quiere relacionarse con una persona irascible, en permanente estado de erupción, que grita y se desborda por cada pequeño detalle que no controla.

El pasivo, acaba por sucumbir a estados de ansiedad y depresión, se pierde entre tanta sumisión. A fuerza de no explicar su postura, sus intereses y sus necesidades, se olvida de sí mismo, deja de valorar lo poco que valoraba de su personalidad, se convierte en una sombra que deambula alrededor de focos más potentes.

El asertivo sabe que puede hacer valer sus derechos de una manera respetuosa, que puede hacer críticas constructivas, que puede decir NO siempre que tenga cuidado en no herir a los demás, y en tener presente que sus derechos terminan donde comienzan los del resto. Son personas con mayor autoestima, que expresan lo que piensan y sienten, que sin buscar el conflicto cuando lo encuentran de frente lo asumen sin arrugarse como pasas. 

Trabajar la asertividad es fundamental para alcanzar una mejor relación con los demás y con nosotros mismos. Puede resultar muy difícil para aquellas personas situadas en los extremos (pasivos/agresivos), pero aun siéndolo, no es imposible, tan sólo hay que practicar.

¿Qué técnicas utilizas tú?
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