"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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domingo, 8 de diciembre de 2013

Manejados por el silencio.



Fuente: Pixabay
Hay minutos de silencio que dicen más que una larga conversación.


Hay silencios que ocupan estadios enteros y que pesan toneladas.


Hay silencios que te hacen fuerte. Los hay que te vencen.


SÍ, hoy hablaré de los silencios y no de los “normalmente aceptados en una conversación y donde son tan necesarios” sino de esos otros que buscan y esconden más de lo que parece y que existen en todos los ámbitos de nuestra vida.


No hay que tenerles miedo. Simplemente escucharlos y saber descodificarlos para no ser zarandeados por ellos.


¿Quién no ha sucumbido a…?



El silencio acusador


Normalmente se manifiesta en situaciones donde las partes se reúnen para analizar resultados, detectar áreas de mejora, o tratar un asunto que deben corregir o reformular. 

La parte silenciosa normalmente deja que la otra parte tome la iniciativa, formule los objetivos, se explique, centre el tema a debatir, respondiendo a cada afirmación o pregunta con un largo silencio.  


De su boca no saldrá ninguna acusación, ni corrección, pero establecerá una danza perfecta donde silencio + comunicación no verbal (movimiento de cejas, miradas penetrantes, posición defensiva...) harán que te rindas: tú eres el problema y sólo tú debes enmendarte y buscar la solución, eso sí, jamás, jamás podrás echarle en cara que te culpabilizó, cosa que es cierta porque de su boca no salió ni mu.



El silencio sonsacador


Hay auténticos maestros en el arte de sonsacar utilizando un silencio espeso y pegajoso. 

Lanzan una afirmación del tipo la situación es bastante complicada… y tras una larga pausa continua echando la red para atrapar a la otra parte está en un momento crítico y va a empeorar porque alguien no ha actuado como debía (más minutos de silencio) es importante que cada cual sepa que está haciendo lo correcto si no… (más silencio, mucho más)”

El receptor del mensaje o es frío como el hielo y tan hábil como el emisor en el manejo de los tempo o acabará por soltar todo un discurso defendiendo su quehacer y su postura, en algunos casos incluso señalando a los posibles culpables para descargar su alma y reafirmar su posición.


El silencio iluminador

Me gusta llamarlo así porque quien lo utiliza habitualmente asume el papel del que conoce cosas que sólo puede contar a una élite, de la que tú chaval, ¡entérate! no formas parte

Sus discursos intercalan minutos y minutos de silencio con frases del tipo “tu también estarías nerviosa si supieras cómo se va a desarrollar este asunto en los próximos meses sin que por supuesto concrete absolutamente nada; o ante una afirmación del tipo “me he enterado de este asunto que nos afecta directamente” habitualmente responderá con silencio + frase ya, hace tiempo que lo conocía”+ silencio. 


Nunca sabes si realmente conoce todo lo que dice y calla o simplemente actúa engañando y enganchando seguidores como una página de Facebook.



Cuando nos enfrentamos a situaciones como las descritas por mucho que sepamos que es mejor sentir cómo te golpean, respirar hondo y esperar, la gran mayoría intentamos cortar la soga que ahoga dando más información de la necesario a la otra parte, entrando en su juego, haciéndonos más débiles o directamente más transparentes.


Porque cuando intentamos llenar el espacio que deja el silencio, atropelladamente nos lanzamos a repetir frases ya dichas, o a dar explicaciones cuando nadie las ha pedido; ante el silencio en general nos desnudamos y eso puede obrar en nuestra contra al hacernos vulnerables.


Es fácil caer en la trampa que esconde este tipo de silencios, por eso lo importante es verlos llegar, usarlos y dejarlos pasar; aunque cueste, aunque pese.

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