"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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viernes, 29 de marzo de 2013

Esa fue mi gran oportunidad

Así de tajante cerraba una amiga el análisis de su pasado profesional. Echaba la vista atrás y repasaba las diferentes ofertas laborales que había rechazado en los últimos cinco años.

Escuchándola me dejé llevar. También yo había rechazado ofertas suculentas que vistas desde la posición que ocupo actualmente en mi empresa, me parecían enormes, importantes y yo una auténtica lerda por haber dicho no; por haber negado como San Pedro hasta tres veces; por haber apostado todo en un proyecto en el que creía y que me fagocitó.
 
Cuando peor me sentía reconduje y le pregunté: Si eran nuestras grandes oportunidades ¿por qué no las aceptamos?”. Tiramos del hilo y llegamos a la siguiente conclusión: las estábamos viendo tras una lupa que agrandaba la imagen real y dejaba de lado todos los elementos que existían en aquel instante y que nos hicieron elegir la que creíamos era nuestra mejor opción y que obviamente no lo fue en una fase posterior de nuestras vidas. ¡Cómo nos engaña el cerebro!

Estamos en constante evolución. Afortunadamente, ¡pobre de nosotros si fuéramos fósiles! Con cada decisión que tomamos dejamos de lado otras opciones que seguramente podrían haber sido igual de válidas pero que descartamos porque:

 Las renuncias son más cuantiosas que lo potencialmente obtenible,

no encaja en nuestro proyecto vital,

no lo vemos claro
o

simplemente nos aterra salir de nuestra zona de confort calentita, de límites conocidos donde, aunque no estemos satisfechos e incluso incómodos, encontramos seguridad económica y anímica. No queremos sufrir un trastorno adaptativo.
 
Además la “bola de cristal” no la llevamos incorporada de serie.

Siempre digo que no es sano recrearse en las renuncias del pasado. El si hubiera..” no aporta nada. Es más, resta. Uno decide. Puede que salga mal. Puede que pierda con la elección. Pero una vez decidido y registrado el posible aprendizaje que de las consecuencias podamos extraer, hay que pegar carpetazo, meter la opción descartada en una carpeta de archivo definitivo y olvidarnos de ella.

Tal vez estés atravesando una racha laboral poco motivante o te encuentres buscando activamente empleo. En dichas situaciones es fácil caer en este tipo de pensamiento taladrante.

No te desgastes con lo que pudo haber sido y no fue.

No te sientas como un idiota al no haber visto cómo pasaba por tu puerta un estupendo tren con destino al futuro laboral perfecto.

Puede que lo fuera. Puede que no.

Lo cierto es que la persona que no subió a ese tren era una persona distinta a la que ahora lee este post.

Por eso tras la reflexión mi amiga reformuló su afirmación: si hoy, ahora, con lo que sé, soy y tengo, apareciera una oferta parecida, me arriesgaría porque sería una gran oportunidad”.

Una diferencia aparentemente sutil que encierra todo un proceso de cambio interno: pasar de estar anclado en el amargo sabor del pasado que no podemos modificar, a tomar consciencia de querer cambiar el presente y por lo tanto conseguir un futuro diferente.

Desde esta posición escucharemos los trenes a leguas de distancia  varios kilómetros a la redonda, estudiaremos todas las combinaciones posibles y tendremos preparados nuestros billetes, porque esta vez si el tren para a nuestro lado, aunque sólo sea un segundo, estaremos preparados para subiremos a él y embarcarnos en un nuevo viaje.

 O no. Quien sabe.

lunes, 11 de marzo de 2013

Planifica acciones, ponlas en práctica y analiza el resultado. Practicando STOPP SPA (IV)


Antes de continuar trabajando en las últimas etapas del Método STOPP SPA, repasemos lo que hemos aprendido hasta el momento:

En Y tú ¿cómo te enfrentas a los conflictos?" conocimos las diferentes posturas adoptadas ante los conflictos que nos rodean.

"Identificar sentimientos" nos ayudó a analizar qué emociones y sentimientos nos suscitaba el recrear mentalmente el conflicto y aprendimos que es necesario desarrollar la empatía para tener una perspectiva más global del asunto y así poder abordarlo.

Con los ejercicios propuestos en "Analiza el conflicto, define tu meta, diseña acciones" practicamos cómo conocer el origen del problema no resuelto que ahora se ha convertido en conflicto, fijar nuestros objetivos y definir las acciones que dependiendo de nosotros mismos podemos poner en marcha para conseguirlos.

 Si es así, continuemos con el resto de fases:

 S T  0  P              S   P  A

                 P     PREVEER el resultado de las acciones

En este momento tenemos identificadas esas acciones que queremos activar para acercarnos al objetivo deseado. Pero no basta con hacer una lista, comenzar a desarrollarlas y ver qué pasa, ya que el resultado puede sorprendernos para bien o para mal y “pillarnos” desprevenidos.

Por eso es importante que medites detenidamente sobre las repercusiones que tendría la puesta en marcha de cada una de ellas, anticipándote a su resultado. Con esto ganarás en seguridad. Para que sea efectivo, has de mirar cada alternativa desde todas las perspectivas posibles.
 
Alternativa 1 (prepara una ficha para cada acción)
¿Qué pasaría si haces lo planteado?
 
¿Cómo reaccionaría la otra parte?
 
¿Cómo afectaría al resto de personas implicadas? ¿Cómo reaccionarían?
 
¿Qué podrías obtener, a corto, medio y largo plazo? ¿Qué perderías?
 

 S T 0 P P         P  A

                S SELECCIONAR la mejor alternativa

Una vez analizadas todas las opciones, ordénalas y priorízalas; es posible que a la vista de los efectos esperados, descartes más de una. No pasa nada. Mejor medir nuestras fuerzas antes de entablar batalla y que desfondarnos en mitad de la misma. Concéntralas en las que a priori tengan una mayor probabilidad de éxito.

De todas ellas, elige la que vas a desarrollar en primer lugar  y deja el resto en la retaguardia. Recuerda que lo realmente importante es conseguir tu objetivo.

S T 0 P P       S     A

                    P PLANIFICAR su puesta en marcha

 Si ya tienes elegida esa primera opción, ahora debes planificar con cuidado cómo y cuándo vas a activarla.


En tu caso concreto, una vez ordenadas las opciones, plantéate
¿Cuál crees que es la mejor para alcanzar tu objetivo?
¿Cuáles son los principales obstáculos que crees se podrían presentar? ¿Son salvables y asumibles?
¿Cómo la vas a poner en práctica? ¿Cuándo?
Si al hacerlo no consigues el resultado esperado ¿qué podría pasar? ¿cómo vas a reconducir la situación?
Si la primera acción fracasa, a la vista de su resultado ¿crees que puedes activar el resto de opciones? ¿Es mejor esperar y reformular el objetivo?

Si has realizado correctamente los ejercicios, tendrás identificadas las consecuencias -siempre existe un espacio más o menos amplio para la sorpresa-, eso ha de darte pistas sobre cuando plantearla y como hacerlo. Una vez más, prepárala, practícala antes de presentarte ante la otra parte y anticipa qué harías o cómo reaccionarías si las cosas no salen cómo pensaste que podrían resultar.

La última fase de este Método, no deja de ser un punto y seguido.

 
S T 0 P P        P  
                       A    ANALIZAR el resultado

Tal vez no hayas logrado tu objetivo, es posible que el conflicto no se haya resuelto, incluso, quien sabe, sea más virulento. Bien, de los errores nuestros y ajenos se puede y debe aprender.

Sea cual sea el resultado obtenido, analiza qué elemento/s no tuviste en cuenta, qué salió mal, qué planteamiento fue el equivocado; tal vez el objetivo era inalcanzable y no lo quisiste ver, te enrocaste; o fueron las formas y no el fondo las que no funcionaron.

Es importante tomar nota de lo que ha fallado para no repetirlo y de lo que nos ha funcionado para reeditarlo cuando así lo necesitemos.

Tras esto ¿qué?.... pues a seguir perseverando, perfeccionando y aprendiendo.
 

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