"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

Busca en este Blog

domingo, 8 de diciembre de 2013

Manejados por el silencio.



Fuente: Pixabay
Hay minutos de silencio que dicen más que una larga conversación.


Hay silencios que ocupan estadios enteros y que pesan toneladas.


Hay silencios que te hacen fuerte. Los hay que te vencen.


SÍ, hoy hablaré de los silencios y no de los “normalmente aceptados en una conversación y donde son tan necesarios” sino de esos otros que buscan y esconden más de lo que parece y que existen en todos los ámbitos de nuestra vida.


No hay que tenerles miedo. Simplemente escucharlos y saber descodificarlos para no ser zarandeados por ellos.


¿Quién no ha sucumbido a…?



El silencio acusador


Normalmente se manifiesta en situaciones donde las partes se reúnen para analizar resultados, detectar áreas de mejora, o tratar un asunto que deben corregir o reformular. 

La parte silenciosa normalmente deja que la otra parte tome la iniciativa, formule los objetivos, se explique, centre el tema a debatir, respondiendo a cada afirmación o pregunta con un largo silencio.  


De su boca no saldrá ninguna acusación, ni corrección, pero establecerá una danza perfecta donde silencio + comunicación no verbal (movimiento de cejas, miradas penetrantes, posición defensiva...) harán que te rindas: tú eres el problema y sólo tú debes enmendarte y buscar la solución, eso sí, jamás, jamás podrás echarle en cara que te culpabilizó, cosa que es cierta porque de su boca no salió ni mu.



El silencio sonsacador


Hay auténticos maestros en el arte de sonsacar utilizando un silencio espeso y pegajoso. 

Lanzan una afirmación del tipo la situación es bastante complicada… y tras una larga pausa continua echando la red para atrapar a la otra parte está en un momento crítico y va a empeorar porque alguien no ha actuado como debía (más minutos de silencio) es importante que cada cual sepa que está haciendo lo correcto si no… (más silencio, mucho más)”

El receptor del mensaje o es frío como el hielo y tan hábil como el emisor en el manejo de los tempo o acabará por soltar todo un discurso defendiendo su quehacer y su postura, en algunos casos incluso señalando a los posibles culpables para descargar su alma y reafirmar su posición.


El silencio iluminador

Me gusta llamarlo así porque quien lo utiliza habitualmente asume el papel del que conoce cosas que sólo puede contar a una élite, de la que tú chaval, ¡entérate! no formas parte

Sus discursos intercalan minutos y minutos de silencio con frases del tipo “tu también estarías nerviosa si supieras cómo se va a desarrollar este asunto en los próximos meses sin que por supuesto concrete absolutamente nada; o ante una afirmación del tipo “me he enterado de este asunto que nos afecta directamente” habitualmente responderá con silencio + frase ya, hace tiempo que lo conocía”+ silencio. 


Nunca sabes si realmente conoce todo lo que dice y calla o simplemente actúa engañando y enganchando seguidores como una página de Facebook.



Cuando nos enfrentamos a situaciones como las descritas por mucho que sepamos que es mejor sentir cómo te golpean, respirar hondo y esperar, la gran mayoría intentamos cortar la soga que ahoga dando más información de la necesario a la otra parte, entrando en su juego, haciéndonos más débiles o directamente más transparentes.


Porque cuando intentamos llenar el espacio que deja el silencio, atropelladamente nos lanzamos a repetir frases ya dichas, o a dar explicaciones cuando nadie las ha pedido; ante el silencio en general nos desnudamos y eso puede obrar en nuestra contra al hacernos vulnerables.


Es fácil caer en la trampa que esconde este tipo de silencios, por eso lo importante es verlos llegar, usarlos y dejarlos pasar; aunque cueste, aunque pese.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Reuniones improductivas con sabor a café


Mucho se ha hablado, escrito, escuchado y debatido sobre reuniones improductivas. La mayoría de los managers lleva a sus espaldas unas cuantas horas de formación sobre gestión eficaz del tiempo, pero o no lo interiorizan o directamente no les importa la eficacia de este tipo de espacios, porque siguen estando ahí, devorando y consumiendo recursos.

Aunque todas pueden calificarse de improductivas, tienen sus matices y en este post -por aquello de que en ocasiones se resuelve más en la máquina del café que alrededor de una mesa de reuniones- voy a utilizar precisamente este símil para describir alguna de ellas.

En el TOP 5, por su frecuencia en nuestras organizaciones, se encuentran las reuniones tipo:

#1 “Café solo corto”.

Suelen comenzar sin previo aviso, con un “¿tienes un momento?. En estas reuniones el convocante suelta un speech, que tenía más o menos preparado, te dice lo que quiere que hagas de manera telegráfica y no espera réplica. Si tienes dudas, peor para ti.

 
#2 “Café solo largo”.

Normalmente son reuniones convocadas con cierta  antelación  o incluso periódicas, eso sí comenzar, lo que se dice comenzar, lo harán por sistema entre 10-20 minutos tarde y finalizarán seguramente una hora después de lo previsto. En ellas siempre hay un participante que parece disponer de todo el tiempo del mundo. Habla y habla sin parar, de lo divino y de lo humano, esté o no relacionado con el objetivo de la reunión. Cuando finaliza, tienes agujetas en los oídos, un agujero en el estómago, estrés acumulado por la cantidad de trabajo que te queda por hacer y la sensación de pérdida absoluta de tiempo.

 
#3  “Café con leche el de toda la vida.

Convocatoria: “En cuarto de hora nos vemos en mi despacho para tratar unos temas”. Reuniones sin planificación y por supuesto sin orden del día. Como desconoces el motivo  real de la reunión y no tienes ni idea de esos temas que van a ser tratados no preparas nada y cuando el convocante te pregunta “¿Cuáles son los resultados?” miras al horizonte y con mayor o menor fortuna contestas “estoy concluyendo el informe, mañana los envío”. El final de estas reuniones es el comienzo de la siguiente (sentarse para ver el informe que no se ha presentado) empleando el doble e incluso el triple de tiempo, recursos y esfuerzos para abordar y resolver el tema en cuestión.


#4 “Café con leche corto de café”.

Están convocadas un día y a una hora concreta, pero 30 minutos antes (incluso en la misma puerta de la sala de reuniones), el convocante os dice “lo siento, vamos a tener que posponerla unos minutos, estoy pendiente de una llamada urgente”. El tiempo transcurre y la sala de reuniones reservada para una hora sigue vacía. En el último momento os reunís, planea telegráficamente por los temas incluidos en el orden del día y como el tic tac del reloj llega a su fin, termina antes de comenzar con un “os convoco otro día para ampliar la información”.

#5 “Café descafeinado”.

Son reuniones convocadas a bombo y platillo, en las que se va a contar “algo importante para el equipo. Durante semanas todo el mundo alimenta los corrillos de la empresa haciendo conjeturas sobre su posible contenido, generándose unas tremendas expectativas ante tanto misterio y formalidad; el día acordado se asiste con un cierto nerviosismo. Comienza. Hablan, hablan. Y tú escuchas, escuchas y esperas, esperas porque tras 1 hora sólo se han contado cuatro cosillas de nada y la traca final, la gran noticia no llega. Finalizada abandonas la sala con un “seguro que me he perdido algo; esto es más de lo mismo ¿Dónde está la novedad?”.

 
La lista podría continuar; estos son sólo algunos ejemplos que seguro has identificado, pero estoy convencida de que podríamos ampliarla con muchos más ¿Cuáles incluirías tú?

 

 

 

 

 

 

jueves, 31 de octubre de 2013

La arruga es bella y… sabia.

 

 Fuente de la imagen: http://tecnoculto.com/
Sí, debe de ser cierto.

Uno traspasa la frontera de los 40 y ¡oye, que comienzan a suceder cosas en tu interior y en tu exterior que antes ni existían!


Las externas, las del envoltorio, son más o menos evidentes dependiendo de los genes, de la alegría que le hayas dado a tu cuerpo Macarena y de los cuidados con los que lo hayas mimado y reparado.

Mejor no hablar de ellas. Las ves, están ahí, conviven contigo como “Los otros” y aprendes a detectarlas al vuelo cada vez que te miras en el espejo. ¡Horror!

Soy de las que opina que hay que saber envejecer. Cada arruga, cada cana muestran el mapa de toda una vida vivida. Respeto a los que se afanan en aparentar 10 años menos, pero no formo parte de su club.

Creo sinceramente que sobrevaloramos lo que fuimos en nuestra juventud. Nos gusta hablar de los sueños rotos y del ímpetu que teníamos a los 20 años, cuando todo estaba por llegar; de la ilusión que le añadíamos a cada decisión, a cada proyecto; y es cierto…a medias:


Porque a los 20 años:

-         Normalmente no nos conocemos. 

-         Intuimos lo que nos podría gustar y hacernos felices, pero tenemos serias dudas al respecto.

-         Vemos  el horizonte allí a lo lejos y creemos que si le ponemos ganas, muchas ganas y tiempo, mucho tiempo, lo conseguiremos.

 
Pero con 40:
 
-         Si o si nos conocemos (aunque algunos no lleguen a hacerlo nunca ya que mirar en el interior es un ejercicio complicado y en ocasiones doloroso; aceptar qué y quien eres puede no ser grato; enfrentarte a tus demonios menos aún) lo que nos hace más fuertes frente a las críticas.
 
-         Tal vez aún no sepamos lo que nos gustaría hacer con nuestra vida, pero lo que sí tenemos claro es lo que no queremos en ella. Delimitamos. Diversificamos nuestra atención. Dejamos de ser lo que otros quisieron que fuéramos para centrarnos en lo que queremos ser ¡pese a quien pese!
 
-         No estamos para tonterías. Atrás quedaron las alineaciones estratégicas sin condiciones ni condicionantes (pareja, amigos, trabajo…). “Si quieres que te siga convénceme”.
 
Porque ahora sabemos:


Que en el camino recorrido hemos perdido mucha vida y que el resultado no siempre ha hecho que mereciera la pena.
 
Que la meritocracia no es suficiente, ni lo más importante.
 
Que el horizonte no es algo estático, sino que lo cambian de sitio constantemente.

Que la energía no la dan los años, sino los sueños.
 
Que hay muchas formas de esclavitud, y que por la Libertad se paga un alto precio.
 

Y todo eso, entre otras cosas, nos hace ser más SABIOS.
 O eso creemos.

¿Qué opinas tú?

 

domingo, 13 de octubre de 2013

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy: da las gracias.

Fuente de imagen: Google
Al dirigir personas pasamos por alto con demasiada frecuencia -ocupados en miles de asuntos que llenan nuestra agenda- , la tremenda importancia que tienen para los colaboradores nuestras palabras, nuestras acciones y sobre todo nuestros silencios. 
 
En ocasiones somos tan herméticos que para saber qué queremos o para intentar comprendernos deben medirnos hasta el último movimiento de pestañas; buscan para encontrar la coherencia en nuestro liderazgo o todo lo contrario, agujeros negros por los que se cuela nuestra credibilidad y con los que nosotros solitos nos desprestigiamos, perdemos gancho, dejamos de ser seguidos para ser obedecidos. El no reconocimiento mantenido en el tiempo conduce al “si bwana”.

En general nos cuesta reconocer públicamente que alguien ha hecho un estupendo trabajo, dar las gracias, palabra casi mágica que dicha con honestidad produce estupendos efectos secundarios que lamentablemente olvidamos. 

Hoy quiero compartir con vosotros la historia del que sin duda fue el reconocimiento más importante de los dados en todos estos años coordinando personas. Antes y después hubo otros muchos, cómo no podría ser de otra manera, pero aquel fue especial.
 
Pronto entenderéis por qué. 

De él siempre escuche barbaridades. Un bala perdida que sólo en la Administración Pública podía ser mantenido; de hecho cuando me incorporé a trabajar como administrativa del Departamento de RRHH estaba sancionado y dos años más tarde aún no le conocía. Enganchaba expedientes disciplinarios como quien hace calceta, hasta que un buen día apareció, le destinaron a los archivos y a las dos semanas volvió a desaparecer.  

El tiempo pasó. Tanto, que la Responsable de RRHH que tenía que asignar destino y función a este empleado en un segundo  intento de reinserción laboral era yo.

Recuerdo que el primer impulso fue mandarle nuevamente a galeras, pero decidí darle una oportunidad; mantuve con él una larga entrevista en la que descubrí a un hombre maduro, que había vivido lo suyo y que había encontrado la serenidad. Risueño, extrovertido y con unas tremendas ganas de empezar de cero que aproveché; tras un training comenzó a atender a nuestros clientes en el punto de atención directa al empleado (todo un riesgo, todo un éxito). 

Su incorporación supuso un cambio. Cada vez que el ambiente se tensaba, soltaba cuatro chistes y el mal rollo desaparecía. Tenía una habilidad especial para hacerlo. A su ritmo, hacía un buen trabajo. Se integró sin problemas, convirtiéndose en pieza clave para la cohesión del equipo.  

En las Navidades de su segundo año, mandé un mensaje especial a cada colaborador dándole las gracias, reconociendo lo que había aportado al equipo ese año y aquello (no siempre coincidente) por lo que había sido importante para mí en dicho periodo.  

Nadie dijo nada. Ni para bien ni para mal. Al menos no delante de mí. Supongo que para algunos fue demasiado novedoso, en el “Sistema” este tipo de cosas jamás se hacían. En fin, lo hice porque me apetecía hacerlo. Y dio sus frutos…más tarde. 

Meses después, una mañana M. no acudió a trabajar. Al principio pensamos que se había dormido; luego que un atasco le retenía en algún punto del trayecto, y por último -por qué no confesarlo- que había vuelto a las andadas.  

Aún recuerdo el estupor que sentí al ser consciente de que nunca más volvería a verle. El destino y su corazón habían decidido que the game is over”. Un golpe tremendo.  

Pero el aprendizaje aún no había llegado. No del todo.

 
Tras el funeral cuando me acerqué a presentar mis condolencias a la familia, una madre destrozada y sin consuelo aferró mi mano y dijo:  

No sabe usted lo importante que fue para él la carta que le envió; llegó a casa como un niño chico; nos la enseñó a su padre y a mi:

-      Mirad lo que dice mi Jefa, ahora sí que podéis estar orgullosos.

 Muchas gracias por haber hecho a mi hijo tan feliz”.

Seguro que sois capaces de entender cómo me sentí.

Desde entonces no espero fechas señaladas para agradecer un trabajo bien hecho, una mano tendida, un café compartido, el apoyo incondicional, una sonrisa.. lo tengo incorporado a mi día a día y ya forma parte de mí.

Reconozcamos y agradezcamos sin miedo lo que nos aportan las personas que tenemos a nuestro alrededor. Lo que con su esfuerzo y su ayuda conseguimos, por pequeño que sea.

No hace falta colgar la foto del empleado del mes. Es mucho más sencillo, motivante y además gratis: basta con decir GRACIAS.

sábado, 28 de septiembre de 2013

#M4M: Todos para uno, uno para todos.




Esta es la historia de Mateo, un niño especial, muy especial.  

Esta es la historia de unos padres que no se derrumbaron, o lo hicieron justo lo necesario para coger impulso. 

Esta es la historia de una familia que primero estrechó lazos para luego expandir la lazada y que esta acogiera a cuantos quisieran colaborar. 

Cuando Eugenio de Andrés  Socio Director de Tatum Consulting Group pidió mi colaboración, no dudé ni por un instante en apoyar la iniciativa. Por muchos motivos, entre ellos experiencias familiares similares, y la empatía que da llevar trabajando en el entorno sanitario más de veinte años, los últimos en contacto directo con pacientes que diariamente comparten conmigo sus tragedias, que buscan que les escuche, que entienda su sufrimiento; buscan soluciones que muchas veces saben no van a llegar; buscan encontrar ESPERANZA en mi mirada o en mis palabras. 

Porque la de Mateo es sin duda una historia de ESPERANZA y ESPERANZADORA, que ha puesto de manifiesto

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Que no son higos, que son brevas


Imagen: http://pienso-luego-cocino.blogspot.com.es
Cada año desde hace unos cuantos, veraneo en el mismo pueblo costero; me gusta la cotidaniedad, el sabor local, la playa poco masificada, los helados en el paseo marítimo y las estupendas tapas en el chiringuito de la playa viendo cómo el sol se posa sobre el mar en calma.

Cada año como si de una tradición se tratara, compro en un puesto del mercado, una brevas estupendas que para quien las vende son los mejores higos de la comarca; y cada año cuando regreso a surtirme de más provisiones y cuando con una estupenda sonrisa el vendedor me pregunta “qué, ¿le gustaron los higos?”, se inicia la discusión del verano: él, erre que erre con que son higos y yo –que cabezota soy un rato y que en mis años de infancia me empaché de los unos y de las otras- no paro de repetir que son lo que son, unas estupendas brevas, por su sabor y textura. 

Cada año salgo exhausta de la batalla dialéctica, con un mal rollo tremendo porque he perdido un tiempo estupendo en defender ¿unas supuestas brevas? ¿Y lo discuto con un entendido en la materia?

Absurdo.

miércoles, 31 de julio de 2013

8 características del Jefe “Don Perfecto"


Convivir con un Jefe de este tipo (Eneatipo 1) es complicado; si se sitúa en la franja insana, en la zona más oscura de su personalidad puede convertirse en castrador: aguantar controles exhaustivos, críticas feroces y ese perfeccionismo extremo… viendo en su mirada como la bilis le llega a la garganta, y cómo haciendo gala de un autocontrol que para sí lo hubiera querido RoboCop suelta con aparente indulgencia cargada de ira soterrada “déjalo, lo has intentado, ahora me ocupo yo” que daña más, mucho más porque no deja espacio para las explicaciones.
 
A estos Jefes les adorna una cintura de mamut que no les permite adaptarse al cambio, por pequeño, productivo y necesario que este sea. Tienen que tener todo, absolutamente todo, bajo control; esa sensación es lo que les “sostiene” tanto en el puesto (y no por mucho tiempo) como en la vida.
 
 
Viscerales, sumisos y eficaces, de haber podido decidir, hubieran elegido trabajar en la soledad más absoluta ya que nadie hace las cosas mejor que ellos,  pero dado que la vida les ha planteado una prueba tan difícil -la de coordinar un equipo de colaboradores- se comportará con ellos en el mejor de los casos como Maestro Yoda, y en el peor anulando cualquier iniciativa y autonomía.
 
 
 ¿Qué es lo que vemos? 

lunes, 8 de julio de 2013

Recarga las pilas o puedes acabar en el cubo de la basura

No lo digo yo. Bajo este titular tan rotundo Mario Alonso Puig presenta en El Hormiguero el tercero de los entrenamientos mentales que nos pueden ayudar a generar emociones positivas, haciéndonos más felices.  

Ahora que muchos habéis iniciado las esperadas vacaciones y otros tantos contamos los días que nos quedan para ello, es el momento adecuado para comenzar a instalar el hábito que nos ayude en la vuelta al cole a mantener los niveles de estrés controlados. 

La reacción de estrés es un mecanismo que genera nuestro organismo cada vez que detecta una perturbación; el Dr. Alonso Puig pone como ejemplo el atracón de pasteles que eleva la glucosa en sangre o la visión de un desconocido en un callejón. La reacción de estrés se activa para conseguir eficiencia, mantener o recuperar el equilibrio y generar energía (ser capaces de correr en caso de que el desconocido quiera perseguirnos).

Pero debemos saber que esa situación mantenida en el tiempo produce una carga alostática que se acumula, generando residuos tóxicos que literalmente nos envenenan.

viernes, 21 de junio de 2013

La huella de nuestro liderazgo


A lo largo de nuestra vida dejamos huellas de muchos tamaños, colores y texturas. El ser humano es demasiado rico en emociones como para clasificar los recuerdos en una lista, pero 

¿Alguna vez te has planteado la huella que tu liderazgo va a dejar en el equipo el día que lo abandones?
 
 

Aunque a todos nos encantaría que nuestros colaboradores hablaran de nosotros maravillas, y nos recordaran extasiados, con una sonrisa en los labios y brillo febril en los ojos, no nos engañemos, dejar HUELLA+, así con mayúsculas y en positivo, sólo la dejan los grandes líderes, los que yo llamo pura sangre:

                            
Capaces de conducir al equipo allí donde quiere llegar pero haciendo que el control del viaje parezca que reside en el jinete y no en la montura.
 
Aquellos que hacen que te enfrentes a los retos con pasión, invitándote a saltar cada obstáculo sintiendo el vértigo y la adrenalina en la sangre y disfrutando con ello.
 
Los que si te caes, te levantan; si te pierdes, te encuentran; sin demasiados reproches, enseñándote que en cada fallo siempre encuentras una estupenda oportunidad de mejora.
 
Si. Estos son grandes líderes.
 
Cuando los encuentras en tu camino, aprendes en el durante y también en el después. Les has seguido y lo volverías a hacer con los ojos cerrados, porque han conseguido que aflorara lo mejor de ti.
 
De este liderazgo hay que aprender. Siempre.
 
En el otro extremo nos encontramos con HUELLAS-, de Tyrannosaurus Rex, las que nos gusta ver expuestas en la vitrina de un museo junto al cartel de especie extinguida. Si hubiésemos convivido con el animalito en cuestión, su presencia  nos hubiera  hecho huir despavoridos.

El liderazgo agresivo de depredador, de “yo soy el que mando y punto, de soy el más fuerte, el más grande y apártate de mi camino o te llevo por delante”, suele dejar heridas profundas, difíciles de olvidar.

Si el objetivo de quien ejerce este tipo de liderazgo es que le recuerden, que no le quepa la menor duda, le recordarán; con cierto terror, pero lo harán. ¿Cómo líder? Lo dudo. En el mejor de los casos como jefe-capataz. Cuando su equipo recuerde el tiempo compartido,  probablemente sólo sienta un gran alivio con su desaparición. Aprender, lo que se dice aprender…

... han aprendido a  protegerse, a adivinar con antelación sus deseos, a no provocar su ira, a mantener la boca cerrada y los ojos bien abiertos… en fin, algo es algo.
 

Pero la gran mayoría nos movemos en la normalidad. El común de los mortales coordina equipos dejando huellas más o menos profundas; desde huellas de elefante hasta huellas de colibrí, incluso de mosca. Pequeñas huellas que con el tiempo se borrarán.

Liderar equipos no es nada fácil. Que te recuerden cuando ya no estés, menos aún. Seguramente algún día echen en falta tu capacidad para organizar o planificar un proyecto,  la manera en la que compartías tus conocimientos y experiencias; puede que recuerden con sorna las mañanitas en las que te habías levantado con el  pié izquierdo, o cómo les apoyabas cuando pedían tu ayuda, cómo gestionabas los conflictos empleando diálogo como fármaco infalible o les defendías cuando las críticas eran infundadas.

Y quien sabe, siempre pude ocurrir que “otro vendrá que bueno te hará”, y aspectos de tu liderazgo que habían pasado desapercibidos, florezcan, salgan a la luz y una vez más… te recuerden e incluso piensen, sientan y reconozcan que fuiste para ellos un buen líder.

 


 

sábado, 1 de junio de 2013

El aparente viaje a ninguna parte.


Sergio pasó por una etapa laboral difícil y realmente aterradora; cada vez que quedábamos veía cómo se apagaba, cómo su mundo giraba alrededor de la pesadilla en la que vivía y que le asfixiaba. Se le veía derrotado, deprimido, hundido en una espiral de sufrimiento que no le permitía tomar impulso; simplemente se había rendido. Estaba tan noqueado que a pesar del dolor creía que esa vida era la única que podía vivir; que debía seguir esforzándose en mantener un puesto de trabajo que olía a moho.
 
Cuando el final llegó con el despido oportuno, Sergio quedó hecho una piltrafilla, sólo quería hibernar. Como amiga compartí con él todo su viaje interior y con su permiso ahora lo hago con vosotros.

¿Te gusta lo que ves en el espejo cada mañana? -me preguntó un día- Hacía tanto tiempo que no me miraba en él que casi había olvidado mi imagen; ahora suelo quedarme plantado frente a mi reflejo analizando si ese tipo que me mira soy yo o es un extraño. No le entendí. 

Dos meses después Sergio seguía anclado en la primera etapa de su viaje sumergido en la autocompasión y centrado en la tremenda injusticia que se había cometido con él: “Me lo han robado todo: salud,   tiempo dedicado a mi familia, mis conocimientos… todo; me han usado y tirado como una colilla, me siento un inútil, un fracasado.  Le escuchaba; cada vez que necesitaba hablar –y era a menudo- estaba ahí; formaba parte de la red emocional que en esos momentos le sostenía corrigiendo los mensajes autodestructivos que se lanzaba. 

Transcurridos cuatro meses Sergio se había mirado tanto en el espejo que aunque todavía apagado me dijo mientras devorábamos un plato de pasta: “ He analizado una y otra vez todo lo que pasó, y ¿sabes?, es cierto que mi postura no ayudó en la nueva etapa; me enroqué y actué de manera equivocada; pero también es cierto que lo tenía controlado, el equipo estaba motivado –siempre fui un buen gerente de proyectos y de equipos- sinceramente, creo que estaba fuera desde hacía mucho tiempo y no lo supe ver”. 

Sergio se había parado (le habían parado) y había mirado en su interior. Ahora era capaz de reconocer sus fortalezas y debilidades. Comenzaba a aceptar lo sucedido. Estaba iniciando la segunda etapa del viaje, avanzaba en el autoconocimiento y se despegaba del problema para ver la situación con cierta perspectiva. 

Fue por entonces cuando le regalé el cuento que había escrito para mi hija, “Lucas y las gafas mágicas”, unas gafas que permitían a quien se las ponía ver todo lo que le rodeaba de manera distinta. 

Una noche transcurridos los nueve primeros meses, me telefoneó para decirme: Tal vez ha llegado el momento de dar un golpe de timón; hemos hablado mucho de esto en el pasado ¿recuerdas cuando compartíamos nuestros sueños, en mi caso montar mi propio despacho, estar un año fuera, en Estados Unidos, dedicar parte de mi tiempo a la docencia..? pues creo firmemente que he de intentar que alguno se haga realidad. Al menos ahora sé lo que no quiero y mientras pueda, intentaré huir de ello como de la peste.  

Sergio llegaba a la tercera etapa: la reconstrucción de los sueños rotos, el volver a sentir ilusión cada mañana al levantarte.  

A partir de ese día nuestras conversaciones tomando café ya no giraban en torno al pasado sino a la viabilidad de sus proyectos, esto es, el futuro. Sergio sonreía más frecuentemente aunque aún lo hacía con los ojos tristes y la angustia de quien le pide a su familia esfuerzo, comprensión y renuncias. 

Pasó de estar desocupado a tener la agenda llena: tiempo dedicado a reciclarse, tiempo dedicado a ampliar su red de contactos, tiempo dedicado a buscar financiación, tiempo dedicado a diseñar su proyecto; tiempo dedicado al fin y al cabo a poner piedras para edificar su nuevo futuro profesional.  

Un año y medio después del tremendo zarpazo, Sergio concluía la última etapa: la de los fracasos superados y los proyectos iniciados; me invitó a cenar pero antes pasamos a visitar su despacho compartido con otros profesionales en una céntrica calle de Madrid: “Bienvenida a la República Independiente de mi casa, desde aquí ¡voy a comerme el mundo!, bueno, si me dejan”. Atrás quedaban los días amargos y sin luz. “Es curioso cómo nos ponemos cadenas alrededor del cuello que nos pesan, que nos oprimen, y encima damos las gracias porque somos afortunados de llevarlas. Ahora no sé con cuánto dinero voy a contar a final de mes, hemos tenido que malvender el Audi y la casa; nos hemos trasladado a un piso de alquiler… todo realmente ha sido muy duro, pero me siento liberado y María y los niños también; ahora nuestra vida se centra sí o sí en el presente al que todos nos tenemos que adaptar; ciertamente siento que el control de mi vida está en mis manos; he recuperado la libertad y eso, Isabel, ¡no tiene precio!. Sí, se le veía feliz, muy feliz. Fuimos a celebrarlo. 

Sergio afortunadamente consiguió salir ileso de su travesía, aquella que había iniciado aparentemente hacia ninguna parte ya que no veía salida ni futuro, tan sólo un tremendo agujero negro de desolación y con la que consiguió llegar a su Isla del Tesoro. Le quedaba muchísimo por hacer y no se engañaba: sabía que el camino que había elegido no iba a ser precisamente de rosas sin espinas, enlosado y por el que pasear pausadamente. Pero había conseguido levantarse y seguir peleando. A muchos otros en su misma situación les había dejado en el camino, hundidos por tremendas tormentas que les hicieron naufragar y perder el rumbo.  

Espero que no sea tu caso. Si es así, esta es mi humilde sugerencia: regresa a la casilla de salida, reconstruye tu nave, compra una buena brújula que siempre te recuerde donde está el norte, elimina de tu equipaje lo que no siendo imprescindible pese demasiado, elige bien a la tripulación que ha de acompañarte y vuelve a intentarlo.

Estoy segura de que con rasguños y tiritas en el ego y en el corazón, al final de tú viaje serás más fuerte, serás más sabio.

 Que los vientos te sean favorables

jueves, 16 de mayo de 2013

Ya lo decía Epicuro: objetivo vital = alcanzar la Felicidad



Si este filósofo de la Atenas del siglo IV a.C. escuchara de alguno de nosotros la famosa frase “el dinero no da la felicidad pero ayuda a conseguirla” no sé si sonreiría o diría seriamente “¡qué poco han aprendido!” 

Ciertamente, ya que el significado de la misma dista mucho de su planteamiento filosófico que ahora, deshidratado e interpretado con un criterio muy personal –espero que los realmente entendidos en el tema perdonen la simplicidad y sean benévolos con las incorrecciones-, comparto con vosotros. 

Para Epicuro el principal objetivo en la vida debía de ser alcanzar la Ataraxia, la Felicidad, un estado de placer sereno, reposado y duradero. ¡Ahí es nada!

Mantenía que:

No sabemos lo que nos hace felices.

      No siempre deseamos lo que necesitamos.        

Al no entender lo que realmente nos hace ser felices buscamos sustitutivos (comprar, tener poder, tener dinero, posesiones…).

 
Epicuro defendía que existen dos grandes bloqueadores que nos alejan de ese estado de serenidad y plenitud no permitiendo por tanto que seamos felices:


1.      Nuestros miedos. Identificaba el miedo al dolor, a la muerte, a los dioses y al destino (cierto que algunos han cambiado, pero hemos incorporado otros igual de limitantes). 

Su receta para minimizarlos -> el TETRAFARMAKON  

-         No hay que tener miedo a la muerte. Mientras vives la muerte no existe, cuando mueras dejarás de existir ¿para qué angustiarse con algo que no existe?

-         El dolor es pasajero y soportable, si fuera intenso y permanente causaría la muerte.

-         Los dioses, si existen, están demasiado ocupados y son demasiado importantes para emplear su tiempo en controlarnos y en estar pendientes de nuestras vidas.

-         El destino no está escrito. Cada uno de nosotros dirigimos nuestras vidas y construimos nuestro futuro.
 

2.      Los deseos/placeres que intentamos satisfacer a toda costa y que él clasificaba en: 

-  Naturales y Necesarios básicos para vivir: comer, beber, ...

 Naturales y No Necesarios, variaciones superficiales de las anteriores: comer bien, vestir bien...

No Naturales y No Necesarios, generados por la publicidad, por  las opiniones de los demás: poder, riqueza…; el obsesionarse con estos últimos es lo que, según el filósofo, nos producirá a la larga dolor en el alma, alejándonos de la ansiada Ataraxia.


Para ser feliz Epicuro proponía una fórmula aparentemente sencilla:

 (A)+(B)+(C)+(D) = INGREDIENTES PARA ALCANZAR LA FELICIDAD, donde:

(A) = Cultivar la amistad, de manera intensa. Compartir mesa y mantel, ideas y temores. Rodearte de personas que quieres y que te quieren.

(B) = Intentar ser libres, no dejar que las opiniones de los demás nos limiten e interfieran indicándonos que es lo que debemos hacer; no permitir que nos generen necesidades superfluas.

(C) = Ser prudentes a la hora de calcular los placeres/deseos que queremos satisfacer y los que es mejor rechazar, para lo que es imprescindible tener clara la naturaleza de los mismos y si la necesidad que sentimos es real/natural o inducida.

(D) = Reservar tiempo para la reflexión/meditación, para analizar desde la serenidad nuestra vida, lo que marcha bien y mal, lo que nos preocupa, lo que tenemos y lo que queremos realmente alcanzar.
 
No parece complicado ¿no?

Pues eso, ¡a poner en práctica estos principios e incorporarlos a nuestro diario! Mal no nos va a hacer y ¡quien sabe!, tal vez alcancemos así, sin darnos cuenta, la Ataraxia, que al fin y al cabo con diferentes nombres es lo que todo hombre busca y pocos alcanzan.

Fuente de la fotografía: http://365palabras.blogspot.com.es/

martes, 30 de abril de 2013

Creencias que nos limitan y miedos que se contagian


Cuando nos sentimos amenazados y el miedo invade nuestra mente dejamos de ser racionales, las percepciones se convierten en verdades absolutas otorgándolas 100% de fiabilidad sin cuestionarlas. A partir de ese momento todos los estímulos exteriores servirán para reafirmar nuestros pensamientos, nuestros estímulos internos. Si no somos capaces de frenar a tiempo podemos derrapar y entrar poco a poco en la paranoia. 
 
En dichas situaciones nada nos separa del niño que en la oscuridad ve monstruos en las sombras que proyectan los juguetes o la ropa colgada… seres horribles que quieren hacerle daño.  

Da igual centrarse en la esfera personal o profesional, ante el miedo empequeñecemos porque disminuye nuestro campo de visión. Todo se reduce a lo que creemos que está pasando. 

Quien se deja llevar por el miedo ve enemigos en todas partes. Cada hecho, incluso el más anecdótico es LA SEÑAL que lo reafirma.
 

Cuando se expande en el ámbito laboral…estamos perdidos.
 

Es  cierto que la incertidumbre se ha instalado en el mapa empresarial; los despidos, los ERE están a la orden del día; si además tu empresa no se caracteriza por una política de comunicación clara y/o los managers potencian con sus silencios los rumores, vives (laboralmente hablando) en un caldo de cultivo propicio para activar todos tus mecanismos de defensa.

El miedo se contagia, y cuando se convierte en pandemia… todos comienzan a poner en copia de sus correos a todos – para que existan testigos, como si de necesitarlos fueran a dar la cara por ti-, la desconfianza en el colega hace que los parámetros de relación se conviertan en sospechas continuas de ataques y mala baba; a las reuniones se va rígido cuan palo, con algún que otro tranquilizante en el estómago y si me apuras, incluso con grabadoras; se hace limpieza de cajones y de armarios, intentando destruir lo que pueda comprometer o de encontrar lo que sirva para justificar; las comidas y los cafés giran en torno al monotema de “LA AMENAZA” creando una nube de mal rollo que se respira a la legua porque ahora el miedo es colectivo.  

Da igual que la cosa no vaya contigo, si no pones coto, acabarás en los corrillos intoxicado por esa ola de angustia que se expande por la organización, y acabarás participando activamente a hacerla más grande, hasta que se convierta en un tsunami de difícil control. 

Si estás en una situación parecida es aconsejable que intentes recuperar  el control de tus percepciones y revises tus temores. No existen fórmulas mágicas, pero te propongo una serie de preguntas y acciones que espero te ayuden: 

-        ¿Existe alguna posibilidad real a corto/medio plazo de que lo que temes pueda ocurrir? ¿Qué probabilidad existe? ¿Cuándo crees que ocurrirá? 

-         De ser cierto, ¿está en tu mano hacer algo para que la balanza cambie a tu favor? Si es así hazlo. 

-       Analiza cómo y de quién te estás protegiendo y por qué lo haces. Pregúntate si la energía que despliegas y consumes en ejecutar todo tipo de acciones preventivas sirve para algo y/o está bien orientada. Modúlala. 

-       Huye de los foros tóxicos. No permitas que sus temores y creencias sean los tuyos. 

-       Recupera el control de tus sentidos: vuelve a leer esos correos que te envenenan. Déjalos enfriar. Haz lo mismo con las conversaciones y reuniones. No actives el play 200 veces en tu cabeza.  

      De esa reinterpretación -si no eres capaz de conseguir la distancia necesaria  invita a alguien cercano a ti pero ajeno a tu entorno laboral a que te ayude con el análisis- sacarás nuevas coordenadas que te resitúen. 

-       Tal vez tus corazonadas sean ciertas y lo peor está por llegar. Entonces no malgastes los recursos; intenta dirigir tus esfuerzos hacia lo que será tu futuro: conseguir un buen “The End” y en diseñar tu Plan B. 

Y en todo este proceso recuerda que
 tu mapa no es el territorio
 

Fotografía: http://www.blog.alexponce.com

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...