"Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser mejores, eres un líder". John Quincy Adams

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sábado, 22 de diciembre de 2012

Del Cuento de Dickens a una sesión de autocoaching: ¡no quiero ser Mr. Scrooge!


Fuente: Google
¿Quien no ha visto alguna de las múltiples versiones cinematográficas del Cuento de Navidad de Dickens? ¿Quién no ha odiado al huraño Mr. Scrooge, un ser carente de empatía y generosidad, mezquino y arrogante, con nula inteligencia emocional y social? ¿Quién no ha temido a esos tres fantasmas que aparecen en su vida, seres que hacen que Mr. Scrooge mire de frente lo que es,  los errores cometidos y de no modificarlos en qué se convertirá?

Cada una de las apariciones son en sí mismas magníficas sesiones de coaching que permiten al personaje centrarse en los aspectos que debe modular y modificar para avanzar, consiguiendo -tras presentar la oportuna   resistencia al cambio- convertirse en una persona más completa.

Como Mr. Scrooge, todos tenemos lo que la vida y  nosotros mismos nos hemos forjado a base de elecciones y renuncias, suerte y tesón, actitudes, relaciones, adhesiones y abandonos.
 
Ahora que la Navidad está a la vuelta de la esquina, más bien a dos pasos de ti, te propongo que también tú, si quieres, te “sometas” a una sesión de autocoaching.

¿Te apetece? Bien, pues comenzamos… 

Y lo haremos partiendo de las Navidades Presentes. 


En un derroche de imaginación quiero que, en primer lugar, dibujes “el taburete sobre el que sostienes tu vida” para una vez definido, puedas evaluar si en estos momentos está o no equilibrado.

Este taburete ha de estar formado por: 

- Un asiento: círculo donde escribirás lo que sí quieres que esté en tu vida, tus deseos.  

¡Cuidado! Haz afirmaciones positivas, ya que normalmente, sin darnos cuenta,  formulamos deseos que engloban aspectos negativos: “no quiero fracasar”; “no quiero estar sólo”;”no quiero estar enfermo”;”no quiero continuar en paro”;”no quiero vivir estresado”; estos mensajes se trasladan a nuestra mente como “fracaso”, “soledad”,”enfermedad”,“paro”,”estrés” condicionando nuestras actuaciones futuras. 

En ese núcleo vital todos situamos entre otros: trabajo, amor, serenidad, salud, seguridad, equilibrio…; no tengas prisa, ni seas tacaño con tus sueños. Cuantos más mejor.

Ya tienes lo que quieres. Cuando internamente y de manera clara y contundente identificamos lo que queremos, se activa un resorte que nos hace dirigirnos hacia ello. Nos mueve lo que nos motiva. 

+ 4 patas: cada una representará un ámbito (el personal, el familiar, el social y el profesional) sobre el que debemos actuar. Lo ideal es que todas tengan la misma longitud, porque de no ser así… ¡vaya asiento! serviría de decoración pero para poco más ¿no? 

Pregúntate si en estas Navidades Presentes necesitaras sentarte en ese taburete ¿las patas estarían equilibradas y te sostendrían? o por el contrario como le pasaba a Mr. Scrooge ¿estarían descompensadas con el peligro de acabar cayendo? Si este es el caso, elige la pata que más cojea porque con y en ella vamos a trabajar. 

Por ejemplo, puede que hayas descuidado el ámbito personal; tienes la sensación de que al día le faltan horas y todas las empleas en lo demás y en los demás. Estas estresad@. Cuando te miras en el espejo sólo ves ojeras, michelines y cada viernes sacas del maletero del coche la bolsa de deporte sin haber usado su contenido. Necesitas tiempo para ti. Te estás perdiendo.  

Vayamos ahora a las Navidades Pasadas. 


Compara lo que has definido y con lo que cuentas en el presente, con aquello que tenías hace un año y evalúa en qué has mejorado, empeorado y qué es lo mantenido. 

Repasa los objetivos que te fijaste para el Nuevo año y cómo has distribuido tus esfuerzos y energía porque en ello estará la clave: no cometer los mismos errores.  

Siguiendo con el ejemplo: tal vez hace un año ya te encontraras cansad@, incluso comenzaras varios planes de acción para mejorar tu estado físico y anímico: apuntarte al gimnasio, una alimentación sana, recuperar tiempo para tu afición favorita… Demasiadas cosas, demasiado ambicioso. Con el paso de los meses primero dejaste de asistir a las clases de pilates, después te deslizaste por los placeres del picoteo y cada vez que deseabas pintar, escuchar música, leer… eran las 11 de la noche y estabas exhaust@ o simplemente volvías a anteponer el resto de obligaciones (terminar el informe, preparar la cena, hacer la compra, ayudar a los niños con los deberes…). 

Si para el 2013 repites la estrategia, sabes que obtendrás el mismo resultado; eso sí con menos fuerzas, más quemad@ y con la patita aún más corta. Por eso para ser alcanzado en las Navidades Futuras


Fija un objetivo (recuerda: solo uno y para la pata más corta): 

-         Que sea realista, concreto y de formulación sencilla; en el ejemplo “Voy a dedicar 1 hora a la semana a dar un largo paseo”. 

-         Debe ayudarte a conseguir alguno de los elementos que has incluido como indispensables en tu vida (en el “asiento”); continuando con el ejemplo: “esa hora caminando me aportará serenidad y mejorará mi salud”. 

-         Piensa con qué recursos cuentas (propios y ajenos). “ese paseo lo daré el fin de semana”.

-         Revisa periódicamente si lo cumples o no para introducir las correcciones necesarias. 

Diseña el plan de acción: 

-         ¿Cuál va a ser tu primer paso? “Delegar en los demás miembros de la familia el hacer la compra semanal”.

-         ¿Cuándo? “Daré el paseo mientras ellos  realizan las compras”. 

-         ¿Con quien? “Iré sol@, así tendré tiempo para serenar la mente” o “puedo quedar con Jorge, así podremos charlar y será un tiempo dedicado a los amigos” con esta segunda opción estarías “matando dos pájaros de un tiro” pero insisto, encuentra la fórmula que mejor se adapte a tus circunstancias. 

-         ¿Qué harás si no vas bien? “cambiar el día”.
 

Con esto termina tu viaje. Es posible que hayas detectado muchas áreas de mejora; eso está bien pero no quieras arreglarlas todas; recuerda que un largo camino comienza con único y primer paso. Durante el 2013, si flaqueas en el objetivo marcado, recuerda a Mr. Scrooge…
¡Feliz Navidad!

 
 
 

 

 

viernes, 30 de noviembre de 2012

4 Temperamentos en los equipos de trabajo: aprendiendo a motivar a nuestros colaboradores



Imagen: Pixabay


Nuestro temperamento determina en gran medida qué es lo que nos motiva y en qué somos especialmente buenos (nuestras fortalezas). Joaquina Fernández del Instituto Hune (http://institutohune.com)  nos explica en esta píldora formativa cómo podemos motivar a nuestros colaboradores teniendo en cuenta el “humor” que predomina en su temperamento.  

Visto así, gestionar un equipo se convierte en un gran puzzle; para alcanzar el objetivo deseado tanto colectivo como individual debemos buscar las piezas que encajen sin forzar, dando coherencia al conjunto.

Bajo este enfoque lo deseable ante un proyecto concreto es que pudiéramos asignar funciones y tareas a los miembros de nuestro equipo teniendo en cuenta no sólo su posición en la organización, sus competencias técnicas y experiencia, sino también las acciones para las que tienen un talento especial.

Fernández nos propone analizar qué vemos en cada uno de los miembros de ese equipo, qué rasgo es el que define su temperamento, así: 

En el grupo de los extrovertidos (los que recargan las pilas relacionándose con los demás; a los que les encantan los saraos, las reuniones, las fiestas, las charlas; los que actúan rápidamente muchas veces antes incluso de pensar) encontraremos a nuestros colaboradores con temperamento: 

-         Sanguíneo (los happy de la oficina, para los que es superimportante el buen rollo, las relaciones de amistad). Qué les motiva: ser aceptados y queridos por el resto, necesitan relacionarse continuamente con los demás, hablar con ellos. 

-         Coléricos (los eficientes, los que consiguen las metas, los resultados aunque  éstos no sean perfectos). Estarán motivados si se reconoce que las cosas se han conseguido por su actuación, que son brillantes, que sin ellos el proyecto no hubiera salido adelante, que han sido rápidos, que son grandes gestores del tiempo.

En el grupo de los introvertidos (los que recuperan su energía a solas, refugiándose en su interior, los que necesitan tiempo para madurar las ideas y los pasos a seguir) encontraremos a los colaboradores con temperamento: 

-         Flemático (los tranquilos, los pacientes, los que buscan el consenso y llegan a acuerdos). Les motiva estudiar a fondo los asuntos y hacer las cosas bien hechas, sin prisas. 

-         Melancólicos (los analíticos, los observadores, los que tienen que tener los asuntos controlados, atados y evaluados especialmente los aspectos que pueden salir mal). Su mayor motivación es que les dejen tiempo para analizar los pros y contras del proyecto y poder presentar resultados muy solventes. 

Así pues antes de encomendar la conducción de una reunión, la visita a un cliente, la tarea meticulosa de analizar datos para extraer proyecciones, el solicitar el pago atrasado de una factura… sería estupendo poder elegir a aquel que hará su papel de manera “natural” consiguiendo no sólo mejores resultados para el conjunto, sino haciendo que se sienta especialmente válido y valioso para el resto del equipo y reduciendo su estrés.

¿Estas de acuerdo?
 
 
 
 
 
 

martes, 13 de noviembre de 2012

9 características del Jefe “Porque yo lo valgo”.


¿Quién no se ha topado con un jefe de este tipo? El Jefe “Porque yo lo valgo” también conocido como “Porque lo digo yo y punto en boca” abunda en determinadas Organizaciones, donde dar un golpe en la mesa aún se considera la Gran Cualidad del Líder.

Se podrían utilizar diferentes métodos -incluida la simple observación-, para definir las características más “públicas” de cada personalidad y la elección en este caso me lleva a preguntarte ¿conoces el Eneagrama? Si tu respuesta es Si puedes saltarte la introducción; si has contestado No, te sugiero que leas el artículo de Pilar Feijoo http://www.isabelsalama.com/EneagramaFeijoo.pdf que de una manera muy didáctica ayuda a adquirir una visión general de este sistema de clasificación de los tipos de personalidad.

Bien, el Jefe “Porque yo lo valgo” pertenece al Eneatipo 8;  se le ve y escucha a la legua; combativo, agresivo, y reactivo; en su vertiente más insana esto es lo que muestran al mundo:

 1. Siempre metidos en “fregados”, en batallas más o menos intensas; los conflictos les estimulan ya que son el terreno ideal para demostrar al mundo su poder, lo mucho que saben, lo duro que han trabajado para conseguir lo que tienen, y por supuesto dejando claro a todo aquel que quiera retarles, que utilizarán cualquier medio para defenderse: la guerra siempre la han de ganar ellos.

 Todo ha de ser intenso, “dar vidilla”, por eso cuando defienden sus puntos de vista lo hacen con mucha, mucha pasión. 

2. Suelen tener un tono de voz potente que elevan cuando defienden con vehemencia sus posturas (algo que sucede bastante a menudo); les cuesta escuchar a los demás, básicamente o bien porque se centran en sus propias opiniones que al fin y al cabo son las que pondrán en marcha o bien porque tras escucharte incorporarán a su discurso la información que les has facilitado; es más, llegarás a escucharles argumentar tus propias ideas explicándote cómo han llegado ellos solitos a una magnífica solución; tú “fliparás”.
 
3. Lo que más les motiva es dejar su sello, su marca de agua personal en el entorno y delimitar su territorio. Tremendamente individualistas prefieren trabajar solos y desde luego no comparten la gloria ni los éxitos con nadie. 

4. No les molesta tomar decisiones, aunque sean difíciles, y una vez adoptadas no se apearán del burro aunque éste les conduzca directamente al precipicio. 

5. Muy directos, francos y sinceros, no se andan con chiquitas.  También tiene su corazoncito: muchos de ellos defenderán a sus equipos con uñas y dientes frente agresiones externas; si han de dar su palabra, la cumplirán. El honor es importante, aunque a veces les pese (¡algo bueno tenían que tener!). 

6. Tremendamente competitivos. Trabajan a su ritmo que no tiene por qué coincidir con el del resto del mundo; eso sí, cuando se pongan a ello ya se encargarán de que les sigas; debes saber que como en el bolero esperan, es más, te exigen que “si ellos te dicen ven, tú lo dejes todo”; no les cuentes dificultades personales, en esos momentos simplemente no le importarán.  

Primero intentarán persuadirte y si no lo consiguen o presentas más resistencia de la que ellos toleran (poquita la verdad) no se despeinarán al utilizar métodos más agresivos. 

7. Si dan una orden (cosa bastante normal ya que se pasan el día haciéndolo de manera más o menos sutil) desean que ésta se cumpla inmediatamente y sin rechistar. Si quieres encenderles solo tienes que pronunciar las palabras mágicas “bien pero ¿no podríamos evaluar….?”, seguro que te mirará, se le llenará la vena a lo María Patiño y te contestará algo parecido a “vamos a ver…” que es su manera de decirte “cierra la boca; esto se hace así y punto”. Si sigues por ese camino te puedes encontrar con alguno de sus ultimatums (le encantan del tipo de “si no te gusta, ahí tienes la puerta”). 

Eso sí, si discutes con ellos hazlo de manera firme defendiendo un punto de vista sólido; de hacerlo puede que incluso comiencen a respetarte. 

8. No soportan cometer un error y mucho menos asumirlo; ten claro que si se equivocan nunca lo reconocerán, no darán marcha atrás ni suavizarán la situación; para ellos hacerlo sería una muestra de debilidad. Mirarán a su alrededor buscando a la personilla que sí o sí se “comerá el marrón”. 

Curiosamente pueden pasar por alto un gran fallo y detenerse en equivocaciones mínimas casi ridículas que les llegan a sacar de quicio. La culpa de todo, absolutamente todo está en el exterior y por tanto los demás son siempre la fuente inagotable de sus problemas (la verdad es que de autocrítica andan más bien justitos por no decir que carecen de ella). Aún así no les mientas, si te descubren estarás perdido. A este tipo de Jefe hay que mantenerlo permanentemente informado y de haberlas, no ocultarle las malas noticias.  

9. Cuando están sometidos a mucho estrés, pueden convertirse en seres muy desagradables, agresivos, cortantes y autoritarios. En esos momentos es cuando lanzan al mundo su lema “atrévete conmigo”. 

Bien, esto es lo que vemos y sufrimos, ¡que no es poco!, pero intentemos entender el motivo de este comportamiento de “matón”: 

Según el Eneagrama “Mr /Mrs Punto en boca”, posiblemente en la etapa infantil se sintió de alguna manera traicionado y/o rechazado por su entorno (familiar, social, educativo) o bien creció en un ambiente amenazante donde los fuertes ganaban; interiorizó -por sufrirlo en sus propias carnes -que en esta vida “no está bien ser vulnerable”; si eres débil y los demás se dan cuenta, podrán controlarte, podrán reirse de ti, podrán hacerte daño; si mantienes el control y eres tú el que pone e impone las reglas nadie te sorprenderá desprevenido; aprendió que los tipos duros son los que vencen y que debía protegerse frente a cualquier agresión exterior, que era necesario atacar antes de ser atacados. Comenzó a lanzar su grito de guerra, el famoso  “atrévete conmigo” hace demasiados años, tanto que seguramente ya se olvidó de lo que le motivó a hacerlo.

Para trabajar con el/ella debes ser paciente y sumiso (si no tienes estas cualidades lo vas a llevar realmente “crudo”); no tiendas pulsos, seguramente los perderás todos y saldrás magullad@; intenta ganarte su confianza (es difícil y requiere tiempo); respétale pero haz que te respete; defiende tus proyectos y resultados firmemente, mirándole a los ojos y transmitiendo solvencia y honestidad. 

Un último consejo: si  no quieres caer en desgracia, escúchale, pon cara de interesado cuando te cuente por enésima vez sus batallitas, acompaña la escucha con frase del tipo “increíble, no sé cómo pudiste hacerlo” y jamás, jamás les mientas, llevan incorporado un GPS para detectar las mentirijillas (lo considerarán deslealtad) pillarte en un renuncio puede hacer saltar por los aires el trabajo de toda una vida. 


lunes, 22 de octubre de 2012

Protectores de la felicidad


Imagen: Pixabay
¿Qué es para ti la felicidad? Buena pregunta. Difícil ser concreto. Por eso cuando escuché a Luis Rojas Marcos definir la FELICIDAD como Satisfacción en general con la vida, me pareció sencillamente brillante. Es una estupenda definición ¿no? Si alguien nos pregunta ¿eres feliz? tal vez dudemos, pero si esa misma persona nos planteara ¿estás satisfecho con lo que tienes en tu vida, en general? seguro que casi todos diríamos SI, lo que está francamente bien.

Desde esta perspectiva Rojas Marcos plantea toda su ponencia; entre chistes, frases ingeniosas y cargada de preguntas que te hacen reflexionar sobre cómo en realidad somos más felices de lo que pensamos o mejor dicho más felices de lo que solemos confesar.

Pero da un paso más allá y con pequeñas pinceladas apunta qué podemos y debemos incorporar a nuestras vidas para proteger esa FELICIDAD tan codiciada por todos:

 
-        Hablar. Hablar mucho; compartir con los demás lo que nos pasa por dentro y por fuera. 

-        Establecer conexiones afectivas con otras personas. Tejer un Networking emocional que nos sostenga cuando nos vengan dadas.
 
-         Hacer ejercicio físico para generar endorfinas. 

-         Ser resilientes: “El cambio es vida y la vida es cambio” debemos ser flexibles y resistentes ante los vaivenes de la vida; la capacidad de adaptación es un gran protector de la felicidad. 

-         Ante situaciones críticas tomar el control de nuestra existencia; las personas que ponen el control dentro de ellas mismas “yo puedo hacer algo por minimizar el impacto de esta crisis en mi vida” consiguen más que aquellos otros que dejan ese control en el exterior, en manos del azar “que sea lo que Dios quiera”. 

-         Desarrollar un pensamiento positivo. Ver el futuro con esperanza. Recordar del pasado los retos superados. 

-         Ejercitar el estilo explicativo positivo.  

-        Aprender a valorarse. Cultivar una autoestima basada en valores sociales y genuinos. 

-        Diversificar las parcelas de felicidad, compartimentar las fuentes de satisfacción: hijos, trabajo, amigos, pareja, hobbies; separándolas  cuando una va mal podemos sustentarnos en las demás. 

-         Intentar tomarnos la vida con sentido del humor 

Seguro que muchos de vosotros ya conocíais esta ponencia. Fantástico.  Para los que aún no la hayáis visto os invito a hacerlo, no os defraudará. Y a tod@s os invito a que compartáis con el resto la experiencia de haber incluido en vuestro diario alguno de los protectores que el autor propone. 

Ahí va la mía: el volver a escribir (hobby postergado durante años) ha sido sin duda una gran fuente de satisfacción que espero mantener. ¡Gracias a tod@s los que habéis dedicado unos minutos de vuestro tiempo a leer mis artículos!

domingo, 7 de octubre de 2012

Y tú ¿cómo te enfrentas a los conflictos? – Practicando STOPP SPA (I)

 
Imagen: Pixabay
¿Conflicto? ¿Alguien ha dicho conflicto?... ¡Uh!
 
Es pronunciar esta palabra cargada de elementos subjetivamente negativos, y se nos eriza el vello; sabemos que el conflicto es positivo y que bien gestionado es una oportunidad de mejora, pero… ¡qué pereza nos da remangarnos y entrar de lleno en él!
 
Si tienes hijos o has observado a niños pequeños mientras juegan habrás comprobado empíricamente por qué aparece el conflicto: normalmente cada niño quiere jugar con un juguete y su deseo choca con el deseo/preferencia/necesidad del otro; en el mundo de los adultos esto es exactamente igual, cambiamos las palas y el cubo por proyectos, decisiones, medallas…
 
Generalmente somos flexibles y gestionamos los conflictos de manera diferente en función de lo que nos estemos jugando en cada momento y del valor que le demos a los deseos y objetivos propios y ajenos. Pero también es cierto que desde pequeños presentamos una cierta predisposición a cómo resolvemos nuestros  problemas y esa actitud será la predominante en nuestra etapa de adultos.
 
Lo primero pues, es reconocer cómo solemos enfrentarnos a los conflictos. ¿Qué postura se asemeja más a la tuya?
 

(1) Apisonadora: Cuando tenemos un objetivo propio (“mi tesoro”) al que no estamos dispuestos a renunciar y que sí o sí queremos conseguir, importándonos bastante poco lo que quiera, piense o sienta el otro. Internamente queremos ganar cueste lo que cueste y sobre quien se tenga que pasar; el problema sólo quedará resuelto si conseguimos nuestro objetivo. Difícil postura para una negociación ¿no?
 
o             Frase: “Aquí lo realmente importante es lo mío, me importa un pepino todo lo demás”.
 
o             Gestiono el conflicto desde la postura: Yo gano/Tú pierdes.
o             Compito. Esta actitud es tremendamente complicada en la gestión de equipos; el no dar nunca tu brazo a torcer acarrea muchos enemigos y no siempre obtendrás la victoria, piensa qué sucederá el día en el que seas tú el que pierdas.
 

(2) Avestruz: Cuando sabemos que el problema está ahí pero no lo queremos ver. Nos aterra poner de manifiesto su existencia y los resultados que esto pudiera conllevar. Creemos que no nos aporta nada enfrentarnos  a la situación que nos desagrada (el autoengaño nos durará poco pero seremos felices mientras dure), o pensamos que nuestro objetivo, necesidad, aquello que queremos, en realidad no tiene tanta importancia como para dejarse la piel en alcanzarlo. Preferimos mantener una aparente “paz social”. Tampoco analizamos qué puede motivar a la otra parte, simplemente huimos esperando que con ello los problemas se volatilicen. Como los quitamanchas: los echas para tener una colada reluciente, pero ¡sorpresa! hay manchas que nunca salen y toca frotar y frotar.
 
Desde esta postura el conflicto no se gestiona, simplemente se pospone con lo que contribuimos a engordar la bola de nieve.
 
o             Frase: “Lo mío no me importa y lo tuyo tampoco, haz lo que quieras”.
o            Gestiono el conflicto desde la postura: Yo Pierdo/Tú Pierdes ¡qué más da, mientras me dejes en paz!
o            Evitamos el conflicto. Recuerdo el caso de un colega con un miedo casi patológico a enfrentarse abiertamente a los problemas. Paseaba su visión Zen de la vida dando lecciones de lo importante que era crear “buen rollo”; daba igual que  pisotearan a su equipo, él miraba hacia otro lado. Al final la situación se volvió tan insostenible – sí, o sí debía plantar cara a varios conflictos no resueltos y de unas dimensiones considerables- que prefirió abandonar voluntariamente la empresa antes de coger “el toro por los cuernos”.
 

(3) Sancho Panza, el fiel escudero: Con esta postura intentamos que el conflicto se resuelva rápidamente. Entregamos nuestras armas a la otra parte antes de entablar batalla. Cuando ante un problema acatamos sistemáticamente la postura del otro lo que hacemos es dejar de lado nuestro objetivo, nuestros sentimientos, nuestro punto de vista.  El todo o nada queda siempre resuelto a favor del “contrincante”. Normalmente con esta postura damos más importancia a satisfacer a la otra parte o a resolver rápidamente el conflicto, que a nuestros propios intereses.
 
No nos engañemos, esta actitud mantenida en el tiempo quema, quema mucho y puede llegar a abrasarnos internamente. Un buen día explotaremos, sacaremos un pergamino lleno de “aquellos objetivos a los que renuncié por ti” y la otra parte, ajena a este proceso interior y a nuestra renuncia, quedará perpleja, ojiplática.
 
o       Frase: “Lo mío no importa, lo importante es lo que quieras tú”.
o       Gestiono el conflicto desde la postura: Tú Ganas/Yo Pierdo, por esta vez no importa.
o       Cedemos, acatamos. En ocasiones esta forma de enfrentarse al conflicto suele llevar parejo un contrapunto: expresar nuestra frustración ejerciendo nuestro poder con otra persona. En las Organizaciones identificamos este perfil con el del  “trepa” que presenta sumisión con los de arriba y que exprime y ejerce su tiranía con los de abajo; un Ser peligroso donde los haya.
 

(4) Negociador: Cuando tenemos claro que hay que solucionar los aspectos divergentes que dan origen al conflicto y que para ello nuestros objetivos y sentimientos son tan importantes como los del otro. Entendemos que para resolverlo será preciso renunciar a parte de nuestros planteamientos y deberemos estar abiertos a entender e incorporar en la solución final los planteamientos y sentimientos de aquel que tenemos delante. El tira y afloja que conseguirá un compromiso para ambas partes.
 
o       Frase: Lo mío importa tanto como lo tuyo”.
o       Me enfrento al problema desde la postura: Tú Ganas/Yo Gano
o       Pactamos, cediendo pero también ganando. Aunque hay autores que separan la postura de colaboración, para mí ambas actitudes van unidas, ya que en una buena negociación lo importante es que ambas partes ganen y cuanto más mejor.
 
Identificar nuestra tendencia nos ayudará a potenciarla, matizarla o  amordazarla según lo requiera cada situación. Habremos dado el primer paso.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Sabemos que no sabemos escuchar


Imagen: Pixabay
La primera vez que vi este vídeo se agolparon en mi mente una gran cantidad de situaciones similares vividas en primera persona, y me sentí mal. ¿En cuántas ocasiones había interpretado el papel del “hijo que grita mientras continua leyendo su periódico”? Una, dos, diez, cincuenta… dejé de contar, me hacía daño el hacerlo.
 
Probé una segunda vez,  y  comenzaron a aflorar nuevos momentos en los que esta vez era yo la que preguntaba “¿Qué es eso?”; resurgieron los sentimientos  que suscitaron en mí aquellos que no entendían lo que en realidad les estaba “diciendo”, aunque –y eso sí que es para Matrícula de Honor- lo hiciera desde el silencio.
 
No sabemos escuchar. Esta frase algo manida la repetimos como un mantra en reuniones laborales y familiares, en foros, tweets y blogs mientras continuamos caminando por la vida con tapones en los oídos, gruesas vendas  en nuestros ojos y armaduras protegiendo nuestro corazón.
 
En la sociedad del “just in time” todo a nuestro alrededor parece exigirnos: “si quieres algo, dilo claramente, ve al grano; no tenemos tiempo de jugar a Indiana Jones y descifrar el jeroglífico de tus señales”. Por eso poco a poco perdemos la capacidad de percibir las sutilezas; nos da pereza; esta habilidad requiere emplear mucho tiempo en entrenarnos no sólo en escucha sino en observación activa; además es necesario tener realmente curiosidad por entender a las personas que nos rodean; qué es lo que las motiva, lo que les preocupa; lo que dicen y cómo lo dicen; lo que callan y por qué lo silencian.
 
Si ese es tu caso, la próxima vez que alguien –amigo, hijo, compañero de trabajo, pareja, incluso enemigo declarado- se aproxime a ti con una excusa, quítate las orejeras y los anteojos e intenta descubrir qué es lo que realmente intenta pedirte, lo que necesita de ti. Seguro que te sorprende lo que descubres al hacerlo.
 
 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Adictos a la velocidad


La mayoría de nosotros vivimos circulando por una autopista de 5 carriles (para qué vamos a conformarnos con la clásica de 3); siempre a velocidad máxima por el de la izquierda, el que deberíamos utilizar sólo para adelantar en momentos puntuales. Ir a menos de 150 Km. por hora es de flojos; los fuertes emplean todo su tiempo en múltiples actividades. Oye y parece que todas las hacen bien.

Pisamos el acelerador tantas veces a lo largo del día con o sin motivo, que nuestro pié se ha quedado pegado literalmente al acelerador. No podemos frenar. Se nos ha olvidado cómo hacerlo. Da igual si realmente existe la urgencia. Si no existe nos la inventamos. Enviamos a nuestro cerebro las órdenes oportunas para que todo, absolutamente todo, sea visto desde la perspectiva de lo prioritario. Tiene que estar, y tiene que estar para ya.

No somos conscientes de la velocidad que imprimimos a nuestra existencia, hasta que nos paran, para bien o para mal.

Quedémonos con un ejemplo de “parada positiva” como sin duda lo es el periodo vacacional. Claro que para llegar a disfrutar de las vacaciones - como decía la profesora Coco en Fama  aquella serie mítica - hay que aprender a ganarlas con sudor. Absurdo ¿no? Pues eso, que es decir en la oficina que te vas de vacaciones – da igual que sea un mes o unos días de descanso-  y se activan todas la alarmas como si de una fuga radioactiva se tratara; estamos acostumbrados a escuchar dentro de las organizaciones que nadie es imprescindible pero sueltas las palabras mágicas “me marcho de vacaciones” y  los temas se acumulan, los clientes te llaman y quieren que les resuelvas sus dudas para antes de ayer, los informes que nadie quería, ahora son vitales tenerlos antes del día D… en fin, aceleramos, nos quedan pocos días para ser libres.

La víspera de ese día D la presión se incrementa aún más si cabe como si formáramos parte de las tropas del desembarco de Normandía. Tras horas agotadoras, sales de la oficina con la corbata desanudada o los tacones sustituidos prácticamente por unas chanclas… llegamos a casa derrotados. Los niveles de reservas hace días que se agotaron, pero pisamos nuevamente el acelerador: a primera hora de la mañana hay que coger el vuelo o iniciar la ruta que nos aleje de la jungla en la que vivimos… un poquito más de velocidad ya no importa.

Así comenzamos nuestros días de “libertad condicional”. Agobiados, estresados, sobre revolucionados y hechos una piltrafilla. Nos ponemos el atuendo de veraneante y las primeras jornadas nos arrastramos por la arena como los moluscos. El agotamiento ha llegado a su nivel álgido. Pero aún así, no podemos descomprimirnos:

Si vamos al supermercado, nos quejamos de la señora del carrito que se para 5 minutos a elegir con parsimonia entre la bandeja de pollo o los filetes de ternera. ¿Qué pasa, qué no tiene otra cosa mejor que hacer?

Si nos sentamos en una terraza frente al mar, en vez de disfrutar del tempo lento de la vida veraniega, nos llevan los demonios si esperamos más de diez minutos sin que el camarero haya venido a tomar nota. ¡Es tremendo! ¡Qué barbaridad! Dos minutos más y me levanto.

Si elegimos dar un paseo, nuestro paso de urbanitas descompuestos choca con el del resto que en fila de dos o tres personas disfrutan de una charla animada mientras caminan. ¡Señoras… no bloqueen el paso!

Patético, tal vez exagerado, pero próximo a lo que vivimos o sentimos un gran porcentaje de nosotros esos primeros días. Confesarlo es otra cosa.

Necesitamos al menos entre una semana y diez días para desajustar el programa preinstalado en nuestro interior, y claro cuando inicias la desintoxicación, cuando consigues olvidarte del reloj y las prisas, debes regresar y esperar un año para volver a ser libre.

Esto no es sano. Vivir en permanente alerta además de alejar de nuestra vida muchos momentos importantes y felices que no atrapamos por las prisas, mantiene nuestro organismo en un estado de alerta que nos pasará factura. Gestionar la vida desde la urgencia es tremendamente triste. Gestionar equipos desde esa perspectiva, ineficaz. Como en toda adicción, de ésta hay que desengancharse o al menos intentarlo.

Para la esfera privada yo hace tiempo que pongo en práctica un ejercicio muy sencillo que inventé jugando con mi hija cuando aún era un bebé. El juego consiste en lo siguiente: cada vez que sentimos que somos felices aún en una milésima de segundo por un abrazo, una sonrisa, un beso, un mensaje, una sonrisa… hacemos una foto de ese momento con la mente (incluso imitamos en voz alta el ruido de las antiguas cámaras de fotografías “cruss-cruss”).  Es mi manera de “parar” unos segundos y aprehender esos instantes felices que de otra manera pasarían desapercibidos en la vorágine diaria.

En la gestión de equipos ante proyectos de mucha tensión, incluso con equipos multidisciplinares e ínter departamentales, y sobre todo en momentos de crisis, programaba lo que llamaba “parada técnica”. Nos sentábamos alrededor de una mesa, a ser posible tomando un café, haciendo un repaso de lo que cada uno había hecho y/o le quedaba por hacer. En general el equipo se ponía tenso, esa parada parecía una auténtica pérdida de tiempo, tiempo que debían emplear para avanzar y cerrar temas. Yo siempre les decía lo mismo: esos 15 - 20 minutos eran tan importantes o más que las horas previas o las posteriores. Hacíamos unas risas. Desestresábamos y si era necesario “sincronizábamos los relojes” para la siguiente parada. Algunos colaboradores nunca lo comprendieron. Otros en cambio aún lo agradecen. Era mi manera de levantar el pie del acelerador y enseñarles a ellos a hacerlo.

Ahora que las vacaciones han terminado para la mayoría, no está de más intentar incluir en nuestro día a día ese “kit-kat” que hemos incorporado durante unos días a nuestra existencia: ralentizar nuestro paso, usar más el freno e intentar dar a las cosas que nos rodean la importancia justa.

No todo es urgente, o tal vez lo sea, pero dentro de la urgencia deben existir escalas y en los últimos escalones no es aconsejable situar sistemáticamente el disfrutar de lo que realmente da sentido a nuestra vida.

lunes, 23 de julio de 2012

Recuerda cuando eras un niño

El periodo vacacional es un momento ideal para repasar como nos ha ido el “curso” que concluye y revisar la nota media en cada una de las asignaturas que componen nuestra vida así como los proyectos iniciados e inconclusos o aquellos que jamás vieron la luz.

Por eso comparto con vosotros este vídeo sobre la importancia de CREER en nuestras ideas, de no perder la ESPERANZA, ni la ILUSIÓN. De volver a mirar a la vida como cuando éramos niños y no nos abrumaban las responsabilidades, tan sólo creíamos que todo, absolutamente todo se podía conseguir.

¿Recuerdas cuáles eran tus sueños?

Haz un esfuerzo; seguro que puedes fijar un par de objetivos en los que trabajar durante el próximo semestre. Pequeños pasos que te ayuden a redireccionar facetas de tu vida en las que claramente has suspendido o  necesitas mejorar o simplemente quieras sacar del arcón aquel proyecto que siempre quisiste poner en marcha y que también siempre postergaste. No seas muy ambiciosa/o. Comienza por cosas sencillas.

Da el primer paso para RECONQUISTAR TUS SUEÑOS y mucha suerte en tu aventura.

lunes, 2 de julio de 2012

La prueba del algodón


Hoy te propongo un ejercicio: escrutar las conexiones que has establecido en tu lugar de trabajo a lo largo de los años, con tu equipo, con colegas, incluso con tus Jefes.

Haz dos grupos: en el primero incluye a todos aquellos con los que te llevas bien y en el segundo a los que te provocan indiferencia o un sarpullido considerable.

Olvídate del segundo.

Imagen: Pixabay
Sobre el primero aplica la prueba del algodón y comprueba la “limpieza” del vínculo que realmente os une; contesta a esta pregunta ¿con cuántos de ellos mantendrías la misma relación actual –en intensidad, frecuencia y camaradería-si en un hipotético caso, dejaras/dejara de ocupar el puesto que ocupas/ocupa–el que sea?; tómate tu tiempo para contestar e intenta ser sincero al analizar si vuestro intercambio se basa en lo personal –lo que nos queda cuando nos despojan de nuestro cetro o lanzamos por los aires nuestra corona-, o utiliza lo personal – el acercamiento, las confidencias, incluso favores- para conseguir mediante atajos, “ayudas” profesionales del tipo que sea.

El número se reduce considerablemente ¿no?; pues salvo honrosas y sorpresivas excepciones – que las hay-, ese grupo más o menos nutrido al que te unen sentimientos (si has hecho bien el ejercicio te sobrarán dedos de una mano para contar las personas que lo integran), será con el que cuentes si se produce un cambio.

Del resto espera cualquier cosa y cuando suceda, intenta sufrir lo menos posible, para lo que es imprescindible colocarlas en el lugar adecuado, huir del autoengaño y de la ira: son relaciones necesarias, pero no imprescindibles. Hay que mantenerlas dentro de la esfera de lo políticamente correcto, de lo social y profesionalmente necesario, dentro de tu network, invertir tiempo en ellas pero no trocitos de corazón.

Como me decía hace unos días una antigua colaboradora mientras tomábamos un café, lo realmente importante es saber quien está a tu lado por lo que tú eres y/o vales como persona y quien se acerca al árbol del poder. Cierto.

Estos últimos, cuando el árbol deje de dar sombra, saltarán del barco como las ratas en un naufragio y buscarán otro refugio e incluso se quejarán de lo inútil que era el primero. Cosas de la vida. Pura supervivencia laboral. Decepcionante, sí; cobarde, puede; pero al fin y al cabo humano.

Podría contar experiencias propias, como todos, pero he decidido compartir con vosotros la historia de una alta Directiva que tras más de 20 años dirigiendo empresas importantes, una tarde recibió una llamada mediante la que le comunicaron su despido al día siguiente previa asistencia a un Consejo de Administración. Trasladó la noticia a su equipo directivo, en el que estaban presentes nuevos fichajes, y “manos derechas” que la habían acompañado durante años en su carrera profesional y a los que consideraba compañeros fieles y leales, me atrevería a decir que amigos. A media mañana regresó a su despacho para recoger sus cosas y en la antesala se encontró con el nuevo Director que iba a ocupar su cargo (os podéis imaginar el momentazo). A las 2 de la tarde todo su ex equipo directivo, sin excepción, estaba comiendo con el nuevo “Jefe” entre sonrisas nerviosas y codazos en las costillas para estar lo más cerca posible de él, mientras ella tenía sobre la mesa de reuniones una bandeja con un par de sándwiches que se comió en la más absoluta soledad a la par que embalaba con premura sus pertenencias, sus lágrimas, su disgusto y su frustración. Nunca después de aquello la oí hablar de la tremenda decepción y profunda tristeza que mostraban aquel día sus ojos. Pero tuvo que doler, y doler mucho. A mí me sirvió para recolocar alguna que otra relación, y no me confundí.

Por eso es necesaria la prueba del algodón, para que una vez concluida, intentes fortalecer los lazos en las relaciones personales y de amistad con las que realmente cuentas en tu entorno laboral. Las de verdad. Que no te asuste el que sean pocas.

Riégalas. Frecuentemente. Con detalles pequeños o grandes, según requiera cada momento. Mímalas. Deja que te mimen.

En este tipo de vínculos uno debe ser como realmente es, sin artificios.

Deben basarse en intercambios equitativos. Dar y recibir. Estar y que estén.

No pienses en el futuro. Piensa en el presente, disfrutando de cada café, comida, llamada telefónica, mail o sms que compartáis.

Lo que llegue, llegará y seguro que si los necesitas estarán ahí, porque también tú estuviste con ellos cuando necesitaban contarte lo dura que había sido la reunión con un cliente, la conversación tensa con su jefe, el catarro de su hija, el fracaso del proyecto en el que habían trabajado durante meses, las dudas sobre su futuro profesional o la crisis en su relación de pareja.

Para evitar decepciones no hay que depositar grandes expectativas en quien no lo merece; y recuerda que “el algodón no engaña”.







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